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12 Moda y modos

  • Abre el Ojo
  • "Adult Content"
  • Número 08 - 31 de enero de 2017
Rosa Moreno Laorga
  • Rosa Moreno Laorga

Tomando prestado el título del magnífico libro de Gillo Dorfles, Moda y modos, me dispongo a abordar el tema de la percepción que el gran público tiene del sector moda. Incluso puede dar para una larga serie, ¿no creéis?

“Apasionante”, “interesante”, “artístico”, “frívolo”, son algunos de los calificativos que rápidamente acuden a nuestro imaginario aludiendo a tal segmento de negocio, para hablar con propiedad.

A menudo solemos escuchar una aseveración categórica por parte de los iniciados en el mundillo: “La moda es importante porque es una forma de expresión y habla de nosotros mismos”. Ya casi es una frase hecha y cuestionarla resulta un sacrilegio, pero he de reconocer que las personas más inteligentes o admirables que he conocido no conceden gran importancia a este aspecto, mandando pues el mensaje contrario.

Los integrantes del ranchito fashion no paran de reivindicar la importancia de las maneras de vestir y de todo el trabajo y esfuerzo que se oculta entre bambalinas, pero la comunicación final muestra extrañamente lo contrario. Buen ejemplo de ello lo encontramos en los nuevos formatos televisivos que dan a entender cómo cambiando nuestra forma de vestir podemos cambiar incluso nuestra propia vida. Subversiva y extremadamente superficial premisa. No soy médico, pero puedo jurar sin miedo al fuego eterno que una americana de flores no te cura un cáncer; y unos labios rojos no te van a sacar del agujero de una vida gris.

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Viendo un programa del cuore, el otro día, fui a dar con la crónica de la pasada edición de la Mercedes Benz Fashion Week. Documento impagable. Entretenimiento del bueno, eso sí.

aless_gibaja_y_steisyEntrevistaban brevemente a espectadores del circo ataviados con extrañas vestiduras -según mi humilde criterio algo inadecuadas para un plan tan poco glamuroso como encerrarse en un recinto ferial a hacerse selfies y de paso ver algún que otro desfile de dudosa relevancia.

Vestían prendas de inspiración oriental y no paraban de repetir: “Esto es rollo japo, rollo japo, rollo japo” en bucle, se les llenaba la boca. No tenían los ojos rasgados, ni había prevista en IFEMA ninguna ceremonia del té, pero daba igual.

La excentricidad o incluso el factor sorpresa podrían ser una motivación, pero quedaba descartada, porque finalmente todos iban igual.

También entrevistaban a diseñadores y modelos que por dedicarse a tan noble sector alargaban mucho las vocales con expresiones de altos vuelos tipo “yaaaaaaa, es muuuuuuuy guaaaaaay, esto se lleeeeeva muchiiiiiiiisimo”. Sin duda, se habían fumado el hilo argumental de sus respuestas.

Por otro lado, y para dar ambiente en este tipo de reuniones, siempre hay seres ultrabronceados y adustos de color terracota, tipo Gólem. Conozco bien la historia de la moda, pero me perdí el capítulo en el que empezó a considerarse de buen gusto ser de color risketo.

Habida cuenta de esta pequeña muestra, lanzo preguntas al aire sin esperar respuestas concluyentes, todo sea dicho. Si desde el propio sector se potencia y fomenta este tipo de imagen, ¿cómo puede tomarse en serio la idea de “moda”?, ¿importa tanto y es necesaria tal reivindicación? Pues venga, a ponerse el kimono y estrujarse los sesos comiendo quinoa, que seguro que es buena hasta para los neurotransmisores.

Autora: Rosa Moreno

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