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01 Cuando el espacio importa

  • Abre el Ojo
  • "Adult Content"
  • Número 08 - 31 de enero de 2017
Floriana Petrosino
  • Floriana Petrosino

Podríamos preguntarnos si existe una relación entre espacios y deseo sexual; aún más, ¿qué características debe tener un espacio pensado para el sexo? La exposición 1.000 m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad del CCCB de Barcelona nos abre las puertas de los espacios que, a partir del siglo XVIII, han sido creados o imaginados para el sexo y proyectados desde el deseo.

Para adentrarnos en este mundo, una sugerencia: lee acompañado por una música de fondo que te ayude a imaginar y a sumergirte en el ambiente descrito... así que dale a Play al tema de Acid Arab que te proponemos y atrévete a pasar a la Sala de juegos de Hassan…



“Dorados, moqueta roja, Barra Rococó, fondo de nácar rosa. Un perfume maligno empalagoso, como miel rancia, en el aire. Hombres y mujeres vestidos de noche beben digestivos en tubo de alabastro. Un Chaquetero del Oriente Medio está desnudo, sentado en un taburete tapizado de seda rosa. Con lengua negra y larga lame miel en una copa de cristal. Tiene genitales perfectamente formados –pija circuncisa, pelo púbico negro brillante. Los labios son finos y de un azul moderado como los labios de un pene, los ojos inexpresivos con calma de insecto…”.

Con estas palabras empieza a describir William S. Brurroughs la Sala de juegos de Hassan en El almuerzo desnudo. Se trata de un lugar en el que el límite entre perversión / juego sexual / aberración queda prácticamente difuminado…

Quizás no nos atrevemos a llegar a tanto, pero lo que sí que es cierto es que casi todos los espacios, a pesar de la función / uso que haya inspirado su realización, si desatamos deseo y fantasía, pueden ser el escenario perfecto y fugaz para las más ardientes pasiones sexuales…

¿Y si hablamos de espacios creados para el sexo? ¿Nos inspiran y nos estimulan más, ayudándonos a dejar caer todo tipo de rémora mental para abandonarnos al más puro placer de los cuerpos…? ¿Existe una relación entre espacios, muebles, formas, colores, texturas, iluminación y deseo sexual? En definitiva, hablamos del vínculo entre arquitectura como diseño físico del espacio y como atmósfera y sexualidad.


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1.000 m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad (26 de octubre de 2016 - 19 de marzo de 2017), comisariada por la arquitecta Adelaïde de Caters y la jefa de exposiciones del CCCB Rosa Ferré, es una extraordinaria ocasión para investigar cómo se han proyectado, construido e imaginado los espacios para el sexo en la sociedad occidental a partir del siglo XVIII.



La relación entre arquitectura y sexualidad es analizada a través de tres estadios: Utopías sexuales, Refugios libertinos y Sexografías, capítulos temáticos constituidos por dibujos y maquetas de arquitectura, instalaciones artísticas, audiovisuales, libros y otros materiales que exploran el poder que ejercen los espacios como motor del deseo. Se muestra así cómo la arquitectura ha contribuido al control de los comportamientos y a la creación de los estereotipos de género en nuestra sociedad y cuál es el espacio del deseo y el placer en nuestra sociedad.

En este análisis cabe destacar que la práctica de la arquitectura ha estado dominada hasta hace muy poco por hombres y, en consecuencia, también los espacios propuestos para el placer se imaginan desde un deseo y una fantasía masculinos. “La arquitectura, como diseño físico del espacio y como atmósfera, forma parte sustancial de nuestras fantasías. En efecto, muchos de los espacios expuestos no se han realizado nunca, solamente han sido imaginados y se han construido a través del lenguaje o la imagen proyectada”.

Nicolas Schöffer entre sus esculturas.

Nicolas Schöffer entre sus esculturas

En Utopías sexuales hallamos las propuestas, desde el siglo XVIII hasta el siglo XX, de arquitectos, pensadores, artistas y comunidades que, a través del control del espacio, querían incidir en los comportamientos sexuales. Destacamos el visionario trabajo de Nicolas Schöffer, que en los años sesenta proyectó una ciudad utópica, la Ville Cybernétique (1955-1969), para la que diseña un Centro de Entretenimientos Sexuales. Una enorme instalación reproduce este espacio, hecho de sexo, voltios, esculturas cinéticas que bailan y perfume.

Anónimo: CYSP 1 de Nicolas Schöffer y bailarines del ballet éponyme de Maurice Béjart, Festival d’art d’avant-garde, Marsella, 1956

Anónimo: CYSP 1 de Nicolas Schöffer y bailarines del ballet éponyme de Maurice Béjart,
Festival d’art d’avant-garde, Marsella, 1956

En Refugios libertinos (s. XVIII – s. XX) encontramos las petites maisons de la aristocracia francesa del siglo XVIII y los apartamentos para solteros propuestos por la revista Playboy, entre otros “escenarios”. Su exposición sirve para poner en evidencia los espacios como motor del deseo, estudiando cómo son los refugios para el placer y hasta qué punto de sofisticación se llega en el diseño de artilugios constructivos y mecánicos, que disparan la imaginación erótica.

Hugh Hefner en su famosa cama giratoria

En esta sección podemos ver la reproducción de la cama de Hugh Hefner, que se opone a la tradicional cama de matrimonio.

Según las palabras de una de las grandes especialistas en el fenómeno Playboy, Beatriz Preciado: “La cama redonda y giratoria, conectada a un sistema de radio-teléfono-televisión, sirve tanto de lugar de orgías como de despacho de Hefner, que dirige la empresa durante años en pijama y sin salir de casa.

La cama se ha convertido aquí en una auténtica plataforma multimedia, el antecedente directo de nuestro ordenador portátil como extensión mediática de nuestra libido, pero también como nuevo centro de producción y consumo”.

 

SUPERSTUDIO: ‘Love: The Inamoratrix Machine’, de Superstudio Series

SUPERSTUDIO: ‘Love: The Inamoratrix Machine’, de Superstudio Series

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En Sexografías (s. XX – s. XXI) se presentan algunas cartografías de las pasiones contemporáneas, que dan lugar a los verdaderos espacios de encuentro del sexo. Hablamos de piezas de arquitectos y artistas (como Bernard Tschumi, ecoLogicStudio [Claudia Pasquero y Marco Poletto], Jean-Didier Bergilez, Danli Wang, Pol Esteve y Marc Navarro, Ania Soliman, las magistrales series fotográficas The Valley de Larry Sultan y The Park de Kohei Yoshiyuki), además de apps para todos los gustos, pasando por espacios públicos codificados para el sexo, como parques, las propias calles, los lavabos públicos y los cines (la exposición presenta una sala de cine porno prototípica de los años setenta, donde se proyectan secuencias de las películas míticas de este género).

De todos los recorridos seguramente esta es la sección que más nos hace reflexionar sobre sexo y futuro a través del análisis de los espacios para el sexo en la actualidad. Por último, no podemos olvidar el cibersexo y el consumo pasivo de la pornografía en Internet. Dentro del mismo, las apps para tener sexo son solo una parte de este nuevo mundo en el que se van perfilando cada vez más espacios inmersivos que prescinden del sexo presencial… Desde Second life, una plataforma donde podemos ver cómo los avatares organizan encuentros sexuales rompiendo cualquier tabú, compran sus propios órganos en la tienda de la plataforma o deciden si actuar o simplemente observar hasta la búsqueda del éxtasis telepático, a Yann Minh con su Nooscaphe-X1 Cybersex Immersion Engine, el prototipo de una máquina de inmersión total en la realidad virtual y la estimulación (teledildónica).

Nooscaphe-X1 Cybersex Immersion Engine, Yann Minh

Nooscaphe-X1 Cybersex Immersion Engine, Yann Minh

Hasta aquí el recorrido de la relación entre arquitectura y sexualidad, pero si tuviéramos que imaginarla en los próximo 300 años, ¿qué nuevos ritos y perversiones creéis que surgirían? Sin embargo, tras este ejercicio de imaginación, queda una pregunta esencial: ¿y si esta vez fueran las mujeres las que diseñaran los espacios futuros del deseo…? Ya es hora de que las mujeres sean también “creadoras de sexo” empezando justamente a pensar y proyectar los espacios dedicados al sexo y, ¿por qué no? si hablamos de pelis porno, poniéndose esta vez detrás de la cámara (no siendo siempre solo actrices…). No es casual el llamamiento que hace una de las directoras de cine porno más conocida, Erika Lust, a todas las directoras del mundo: ¡rodad porno!

Necesitamos un “porno feminista”, un porno que refleja “unos valores igualitarios, una representación de lo femenino y lo masculino libre de estereotipos”, que visibiliza “la diversidad de cuerpos y el placer de las mujeres".

¿Empezamos ya?

Autora: Flor Petrosino

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