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05 Sobre “pantallas” movedizas

  • Abre el Ojo
  • "El lado oscuro del diseño"
  • Número 06 - 18 de julio de 2016
Annie Domínguez Tenreiro
  • Annie Domínguez Tenreiro

Vivimos en una realidad que ha pasado a ser casi totalmente digital. Habitamos un mundo cibernético en el que hasta una guerra puede librarse detrás de una pantalla, donde nuestras identidades se pierden por el camino de los datos binarios y en el que lo verdadero y lo falso se separan por límites difusos. ¿Cómo afecta este nuevo universo a nuestra condición humana? ¿Se traduce esta conexión permanente en una desconexión con el mundo de las emociones?… ¿Nos estamos enfriando?

Desde Black Mirror, la serie de televisión que refleja la imparable evolución de las nuevas tecnologías y su influencia en las relaciones humanas, creada por Charlie Brooker, son muchos los artistas que demandan reflexión sobre esta revolución de la comunicación de la que somos partícipes desde hace unos diez años, y sobre el uso que hacemos de esas tecnologías.

Si viajamos todavía más hacia atrás en el tiempo, nos encontraremos con numerosas piezas cinematográficas –y literarias– que ya nos adelantaban estas preocupaciones “futuristas” latentes por el mundo internauta, la evolución de las tecnologías, las realidades virtuales y la inteligencia artificial. Sin ir más lejos, todos conocemos Matrix, la trilogía dirigida por los Wachowski Brothers, Gamer, de Mark Neveldine y Brian Taylor, o Los sustitutos, por Jonathan Mostow: solamente tres de una larga lista de películas relacionadas con estas temáticas.


BlackMirror

Es indudable que no somos del todo conscientes del alcance y las consecuencias –negativas y positivas– de esta revolución social, digital y global: navegamos por un vasto océano (¿turbulento?) a ciegas y sin saber tripular. Pero, ¿se han convertido de verdad estas preocupaciones “futuristas” –que nos parecían tan lejanas– en algo presente? ¿O hay un sentimiento de miedo generalizado por lo desconocido?

La tecnología ha transformado casi todos los aspectos de nuestras vidas sin que nos haya dado tiempo a detenernos y cuestionar este cambio. No hemos podido más que vernos arrastrados por la corriente para no quedarnos aislados… Y, como dijo Charlie Brooker a The Guardian: “Si la tecnología es una droga –y se siente como tal– entonces, ¿cuáles son los efectos secundarios?”

Esta falta de tiempo para el análisis ha sido con total seguridad uno de los detonantes de una corriente artística que llama a la reflexión y, sobre todo, al estado de alerta sobre la nueva realidad digital y sus posibles escenarios fatalistas, si seguimos viviendo empantallados y sin ningún tipo de consideración. Y muchas plataformas culturales como Ignant, revista digital que comisaría trabajos de varias especialidades artísticas, ya acogen proyectos en disciplinas como la escultura o la fotografía en esta línea.

En Nowness, canal de vídeo global sobre cultura, ya existe una colección audiovisual dedicada a esta corriente a la que han denominado Dark Web. En esta serie de vídeos, se nos pide reflexionar sobre cuestiones y situaciones de un futuro cuanto menos sorprendente y aparentemente no tan lejano de la realidad: ¿Hemos sustituido el calor humano por el frío tacto de las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos? ¿Hemos perdido nuestra privacidad en el espacio público de las redes? ¿Qué ocurre con nuestra identidad digital cuando desaparecemos del mundo físico?

Desde luego, el panorama que vivimos y la velocidad pasmosa con la que nuestras vidas cambian demandan una seria reflexión. Sabemos de dónde venimos, pero no hacia dónde vamos ni hasta dónde podemos llegar. El futuro se nos presenta incierto y lleno de posibles escenarios. Y lo más espeluznante es: ¿cuánto de factible hay en estas narrativas? ¿Se alejan tanto del marco presente como para no preocuparse? ¿Realidad, ficción o tecno-paranoia?

 

Autora: Annie Domínguez

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