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03 Ni perdices ni felices, álbumes ilustrados que traspasan los límites

  • Abre el Ojo
  • "El lado oscuro del diseño"
  • Número 06 - 18 de julio de 2016
Roselino López
  • Roselino López

Y comieron perdices y fueron felices… O no. La narrativa infantil tomó conciencia de su condición de literatura hace tiempo. Los escritores e ilustradores han creado, desde siempre, historias luminosas, no ausentes de moraleja, entretenidas, fascinantes, pero siempre dentro de unos cánones que consideran a los niños como una suerte de adultos en miniatura cuyo mundo está cerrado al dolor, a la muerte, a tantos componentes del engranaje de la realidad con los que se toparán al alcanzar la madurez. Sin embargo, dentro de la tónica general siempre aparecen excepciones que aseguran la norma, autores que han dado un paso más allá y han tratado a los niños como seres inteligentes cuya percepción del mundo sobrepasa el coto de las historias felices e inocentes.

De algunos de esos libros ilustrados que han traspasado esa frontera invisible, pero firme, quiero hablar en este texto.

Max-y-Moritz

Antes de que la ñoñería norteamericana, encarnada en Disney para la mayoría pero con muchos más exponentes, metiera mano en las historias para niños, los relatos clásicos carecían de esa dulzura que todos presuponemos. Las versiones originales de Blancanieves, La bella durmiente o La sirenita, entre muchos otros, eran tristes, crueles y nada condescendientes. Provienen de tiempos con otra forma de narrar y esa forma de entender la literatura infantil afectaba también a los álbumes ilustrados o más bien a los antecedentes de los álbumes tal y como los conocemos ahora.

Pedro Melenas (Struwwelpeter), de Meno Heinrich Hoffmann, es uno de los libros alemanes más célebres y más reeditados a pesar de su contenido o tal vez gracias a él. En este librito publicado en 1892, diferentes niños protagonizan poemas en los que se narra cómo se portaron mal y cuál fue el castigo que recibieron, siempre cruel y definitivo.

Portada-de-Pedro-MelenasUno de ellos pierde sus pulgares cortados por una tijera, otro muere por no comer y así cada uno de ellos. Esta obra bebe de una fuente que en gran parte nutrió a muchos autores posteriores, el libro Max y Moritz, escrito e ilustrado por Wilhelm Busch y publicado en 1865. Los protagonistas son dos diablillos, uno rubio y otro moreno, claros antecedentes de personajes como The Katzenjammer Kids, el cómic estadounidense creado por Rudolph Dirks y que a su vez fue la inspiración para nuestros Zipi y Zape, de Josep Escobar. Max y Moritz cometen travesura tras travesura, pero al final encuentran su merecido, este no es un castigo o una reprimenda, sino que son triturados en un molino y convertidos en pequeñas bolitas que los patos devoran. Así eran las historias en su época, los niños sufrían e incluso morían.

 

 

 

pequenosmacabroskLa muerte se mantuvo alejada de las historias infantiles, excepto si los que fallecían eran los personajes negativos. Brujas, ogros o madrastras merecían la muerte mientras los héroes encontraban la felicidad. En 1963, cuando la inocencia aún dominaba la literatura infantil, aunque de modo menos hegemónico, un autor norteamericano, Edward Gorey, publicaba Los pequeños macabros, un libro en el que ilustraciones en blanco y negro muestran un repertorio de muertes horribles sufridas por niños.

En el pie de página que acompaña a cada ilustración, a modo de alfabeto, se narra de forma escueta cada historia; la N es de Neville, que murió de hastío, la K es de Kate, golpeada por un hacha, la A es de Amy, que rodó por las escaleras, la V es de Víctor, aplastado por un tren… y así hasta completar el abecedario a un ritmo de muerte por letra. Las ilustraciones que acompañan a tan tétrico texto son tan escuetas como sombrías y lacónicas. El libro es una joya no apta para todos los públicos, como casi toda la obra de Gorey.

La muerte es el tabú entre los tabúes y la literatura ilustrada infantil no ha sido ajena a su importancia, ya sea como elemento circunstancial, ya como el motivo fundamental de la obra para explicarla y acercarla al público infantil.

El-pato-y-la-muerte

Algunas obras han presentado el fin de la vida desde un punto de vista amable, usando metáforas o eufemismos, como es el caso de Oliver Jeffers y su obra El corazón y la botella en el que se habla de la pérdida de un ser querido usando bonitas alegorías. Hay otras como Una casa para el abuelo, con texto de Grassa Toro y magníficas ilustraciones de Isidro Ferrer, que narra el momento en que una familia entierra al abuelo, también amable y positivo, aunque de forma más directa.

El pato y la muerte es un clásico dentro de la literatura infantil alusiva a la muerte. El texto y las ilustraciones de Wolf Erlbruch, poéticas, sugerentes, casi enigmáticas, presenta a los niños el tema utilizando el recurso de personalizar a La Parca como un esqueleto que ni inspira temor ni confianza, es suficientemente neutro como para que nos cree simpatías pero con reservas. Es una historia que admite diferentes lecturas según las edades, desde el humor a la tristeza. Sin embargo, un tema como este admite otros tratamientos menos amables, más directos, más duros.

El corazon y la botellaCuando la muerte vino a nuestra casa es un álbum escrito por Jürg Schubiger e ilustrado por Rotraut Susanne Berner cuya lectura deja al lector desconcertado. La muerte, achacosa, torpe e ignorante de su condición, aparece en un pequeño pueblo cuyos habitantes nunca la habían sufrido. Casi por accidente dentro de su peculiar ingenuidad, acaba con la vida de un niño y ello trae consigo para los habitantes del pueblo el descubrimiento de la pérdida, el duelo, la tristeza, incluso el construir el primer ataúd. Las ilustraciones, de apariencia naif, esconden una gran cantidad de símbolos, que permiten lecturas diferentes a cada lector que, sea cual sea su edad, quedará impresionado por la historia.

Portada-de-JuulLa muerte o el mal comportamiento son temas universales, que incumben a todos los niños, pero la literatura infantil en ocasiones ha ahondado en temáticas menos generales, aunque no por ello menos importantes y graves.

Juul es un libro escrito por Gregie de Maeyer e ilustrado por Maribel G. Martínez. Esta obra nos cuenta la historia de Juul, un niño víctima de las burlas de sus compañeros.

Primero se burlaron de su pelo rojo, y Juul se cortó el pelo, después se burlaban de sus orejas y Juul se las arrancó, y luego fueron sus ojos, su lengua y así hasta que de Juul no quedó más que la cabeza.

Las ilustraciones son fotografías de una escultura de madera algo abstracta que se va desmontando conforme avanza la trama de una historia demoledora que nos habla de acoso escolar, de la discriminación entre iguales y de la pérdida de la autoestima. Juul es un libro desgarrador pero necesario, un canto a la propia identidad que deja un agujero en el alma tras su lectura.

Juul fue perdiendo su cuerpo a medida que perdía su identidad, Jésus Betz nació casi sin cuerpo. Este libro ilustrado y escrito por Sergio Mora, nos cuenta una historia con un comienzo trágico que avanza hacia un desenlace optimista. Jésus Betz nació en la Navidad de 1894 sin brazos y piernas, era solamente una cabeza con un tronco. Mediante el recurso de las cartas que envía a su madre, el libro cuenta lo mucho que tuvo que sufrir hasta llegar a trabajar para un circo, ser uno más entre los que allí se exhiben y alcanzar la felicidad junto a Suma Katra, la bailarina. La historia es positiva y esperanzadora pero en algunos momentos del comienzo muy oscura. Inspirada por la película Freaks de Tod Browning, tiene su misma estética sombría y atemorizadora.

 

El-Campamento

El acoso escolar es un grave problema cada vez más presente en nuestro entorno y hace que nos preguntemos si el colegio es lo que debe ser o se ha convertido en una reproducción de lo peor de nuestro mundo a escala infantil.

Lejren (El campamento en España) es un libro de Oscar y Dorte Karrebaek que muestra el colegio como si fuera un campo de concentración nazi. Este libro habla de cómo los niños pasan miedo en clase, miedo a los profesores y a otros alumnos. Las ilustraciones del libro son duras, sin concesiones. Los niños que dibuja Dorte Karrebaek visten todos la misma ropa y están rapados y muy delgados. Aquí los niños caminan en hilera, cabizbajos, y sufren una suerte de humillación colectiva. Este libro puede leerse como una obra que denuncia lo que para algunos niños supone el colegio o como una crónica de la II Guerra Mundial o de los muchos campamentos de refugiados y exiliados que por desgracia proliferan en el mundo.

Presumimos la vida de los niños como un periodo de luz, y así debe serlo, pero la tristeza no es ajena a ninguna edad. El sufrimiento, el dolor por cualquier motivo es el tema de El libro triste, una maravilla ilustrada por el gran Quentin Blake y escrita por Michael Rosen, habla sobre la tristeza, la que en el caso del protagonista llega por la pérdida de los seres queridos, pero que se instala en el alma, aflorando cuando menos se la espera para convertirse en parte de nuestras vidas.

Este libro, hermoso en su texto y en sus magistrales ilustraciones, presenta el dolor de la tristeza para acabar demostrando que es parte de nosotros, que hay que vivir con ella y que solamente a través de la tristeza podemos distinguir la alegría.

La tristeza existe, y el maltrato, y otros dolores y aspectos negativos, aunque cuando somos niños no nos lo cuenten, aunque nos oculten una parte de la realidad para protegernos o porque no gusta a algunos adultos. Pero no solo son estos aspectos negativos de la existencia lo que se oculta a los niños, hay otras cuestiones que nada tienen de adversas, pero que han pertenecido alejadas de la literatura infantil durante casi toda su historia, aunque afortunadamente algunos libros traen a la luz.

La homosexualidad, cada vez más visible hoy en día, no tenía cabida en las historias de héroes bravos y damiselas enamoradas, pero se ha abierto un hueco y protagoniza algunos libros notables.

Tres con tango Tres con Tango es un libro que narra una historia real, dos pingüinos barbijos macho (Roy y Slio) del zoo de Central Park en Nueva York se convirtieron en pareja, adoptaron un huevo y criaron al bebé pingüino. La historia, que al parecer se ha repetido en otros zoos como el de Madrid, inspiró un hermoso libro ilustrado pensado para un público de corta edad.

Con texto de Justin Richardson y Peter Parnell e ilustrado por Henry Cole, el libro ha sido el más prohibido en Estados Unidos durante varios años. Es una obra inocente, pero así funcionan algunas mentes, por desgracia las que tienen poder para prohibir un libro.

Oliver Button es una nena presenta una historia de un niño que prefiere hacer lo que se supone que es más propio de una niña que de un niño. El texto y las ilustraciones de Tomie De Paola nos presentan a este niño al que le gusta saltar a la comba, recoger flores o cantar y bailar, y eso ocasiona el rechazo de sus compañeros que le gritan “¡Oliver Button es una nena!”, o el de su propio padre. La historia se escribió en 1979, antes de que la homosexualidad alcanzara sus actuales cotas de aceptación, por lo que es un libro valiente y necesario.

La homosexualidad femenina también se ha visto plasmada en obras como Mi mami ya no tiene frío, de Lorena Mondragón e ilustrado por Dirce Hernández. La protagonista de esta bellísima historia vive con su madre en un edificio muy alto y lleno de libros donde hace mucho frío. Después de acudir a un espectáculo de marionetas, su madre conoce a la dueña de los títeres. A la protagonista no le gusta que su madre esté tanto tiempo con ella, pero cuando ve que su madre ha dejado de tener frío, lo entiende todo.

Rey y Rey, La princesa Li, El lapicero mágico o Monstruo rosa son algunos de los muchos que han tratado el tema de la homosexualidad para los niños, aunque no son únicamente las relaciones entre personas del mismo sexo las que han encontrado su lugar entre los álbumes ilustrados.

La princesa LiLadrón de gallinas, de Béatrice Rodríguez, cuenta sin palabras cómo un día, mientras los animales del bosque se preparan para una fiesta, el zorro aparece y roba la gallina. Los otros animales los persiguen por bosques, mares y montañas hasta darles alcance, será en ese momento cuando descubran que lo que ellos presumían como un secuestro es en realidad una historia de amor, zorro y gallina se aman y solo quieren vivir felices en pareja. La historia, con ese delicioso final sorpresa y la ausencia de palabras, habla a los niños de forma inteligente sobre otras formas de amor y sobre los prejuicios de los que ninguno estamos libres.

El-principe-de-los-enredos

La frontera entre el mundo infantil y el adulto se diluye cada vez más. La cantidad de información que reciben los convierte en pequeños adultos, pero algunos temas siguen sin captar su interés; por ejemplo, la política.

De los tejemanejes torticeros de la política habla de forma disimulada El príncipe de los enredos, de Roberto Aliaga con ilustraciones de Roger Olmos. Cuenta cómo un cuervo astuto y manipulador llega a una encina y, sirviéndose de sus artimañas embusteras, consigue poner a las hojas y las raíces en contra del propio árbol, lo que le ocasionará la muerte y le permitirá ocupar el tronco. La historia, que se muestra con unas ilustraciones magníficas, nos muestra cómo se comportan los humanos, cómo se enfrentan y se hacen daño, cómo manipulan por alcanzar el poder. De política habla también Romance do 25 de Abril, un libro de João Pedro Mésseder y Alex Gozblau editado en Portugal para contar a los niños qué sucedió en la revolución de los claveles. La obra tiene una estructura de cuento clásico, con un malo muy malo y unos buenos muy buenos que lo derrocan, es optimista y positiva, si bien sus ilustraciones no abandonan un tono sombrío y oscuro ni siquiera al final, cuando la historia alcanza su desenlace feliz.

Negros y BlancosLa política, tan necesaria, origina a su vez dolor en ocasiones cuando se convierte en la sinrazón de la guerra, no la guerra inocua a la que juegan los niños, la real, la que acaba con las vidas de los inocentes.

Negros y blancos, de David Mckee, nos desvela que en la antigüedad los elefantes del mundo eran o negros o blancos, y se odiaban hasta el punto de entrar en guerra. La guerra ocasionó la muerte de los elefantes, los blancos y los negros, y solamente se salvaron algunos que no querían la guerra, sus descendientes fueron los elefantes grises que ya no tienen que ver nada con esa guerra, aunque algo ocurre, los elefantes de orejas pequeñas y los de orejas grandes han empezado a mirarse mal…

El enemigo, de Davide Cali y Serge Bloch, presenta, con poco texto e ilustraciones muy sencillas, la experiencia de un soldado que está solo en su trinchera deseoso de volver a su casa, con su familia y amigos, pero su enemigo, un monstruo horrible y sanguinario, no se lo permite, porque es inhumano y causante de la guerra. Un día descubrirá que el enemigo es otro soldado igual que él, con los mismos miedos y anhelos.

Rosa Blanca, de Christophe Gallaz e ilustrado por Roberto Innocenti de forma minuciosa, casi fotográfica, es una visión del holocausto desde los ojos de una niña habitante de una pequeña ciudad ocupada que un día decide seguir el rastro de unos camiones cargados de personas hasta llegar a una alambrada tras la que hay niños famélicos que portan una estrella sobre la ropa. Rosa Blanca fue el nombre de un grupo de la resistencia y de ahí toma su nombre este álbum cuyas ilustraciones parecen instantáneas tomadas en aquel horrible momento histórico.

Los autores traspasan los límites a menudo, nos presentan obras que hablan de tabúes, de lo prohibido o lo que mejor no se toca, son conscientes de que esos libros son necesarios y dan un paso más allá de los límites. Pero no siempre los límites se transgreden voluntariamente, sobre todo porque las fronteras establecidas por el ser humano entre lo correcto y lo incorrecto son tan endebles que no es fácil saber en qué lado se encuentra una obra.

Maurice Sendak, uno de los mejores autores de libros infantiles que ha dado la historia, publicó en 1963 Donde viven los monstruos, una obra fundamental en la literatura infantil por la ruptura estilística y conceptual que supuso. Max grita a su madre, la desobedece, es castigado y, en lugar de sufrir por su castigo, acaba siendo el rey de una isla de monstruos donde los gobierna gritando y rugiendo. Al final del libro vuelve a su casa donde su cena lo está esperando.

No hay consecuencias para el comportamiento de Max, no hay un castigo serio ni arrepentimiento, algo impensable en 1963, lo que acarreó al libro una avalancha de ataques por parte de los más conservadores padres y educadores de su país. Afortunadamente hoy la obra se considera una obra maestra, al igual que otra menos conocida del mismo autor, pero con idéntica suerte.

La-cocina-de-la-noche

La cocina de noche es una maravilla gráfica que, homenajeando el estilo de Winsor McCay y su Little Nemo, nos cuenta la peripecia nocturna y onírica de Miguel que, tras oír un ruido, se hunde entre las sombras y aterriza en la masa de la cocina. Miguel vive su aventura, salta, ríe y cacarea como un gallo, en una ciudad formada por botellas, tarros y otros elementos de cocina entre tres cocineros que son la viva imagen de Oliver Hardy. Estos cocineros lo envuelven en la masa y están a punto de cocinarlo. Las ilustraciones son bellísimas, los colores intensos y los personajes adorables, pero no a todo el mundo causó tan buena sensación pues hay algo que no le perdonaron a Sendak, Miguel está desnudo.

La desnudez inocente de un niño provocó la prohibición del libro en bibliotecas y escuelas, y por si fuera poco, hubo quien vio en los cocineros con bigote de Hitler y en la peripecia de Miguel a punto de ser cocinado una alusión a los hornos crematorios, y es que no siempre la imaginación de la gente sirve para crear maravillas, sino para ver el horror donde solamente hay bondad.

Concluyo aquí este recorrido por los límites de lo luminoso en los álbumes ilustrados, siempre movedizos e imprecisos. Hay muchos libros más, pero mejor dejarlos para otra ocasión.

 

Autor: Roselino López

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