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06 Y tú, ¿cueces o enriqueces?

  • Abre el Ojo
  • "Clones"
  • Número 05 - 25 de mayo de 2016
Moonbow Lab
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Bienvenido al comienzo de este viaje. ¿Qué viaje? –te preguntarás. Todo proceso es una aventura, pero este es uno particularmente misterioso, lleno de esplendor en la superficie y de incógnitas en su interior: las crónicas del proceso creativo del inventor (creador) que no inventa (crea) nada.

Y lo es, porque tanto tú como yo somos víctimas de un remolino de elementos que no controlamos, que nos afectan de forma inconsciente y que nos hacen creer que somos algo que puede ser o no ser del todo real. Tanto tú como yo, estamos bajo una lupa sostenida por un ojo juez y verdugo de nuestras acciones al que no estamos siquiera conectados. Tanto tú como yo, somos pacientes de un psiquiátrico en el que quieren controlar nuestra locura, sin que tan siquiera nos demos cuenta.

Podría llamarte creador. Darte el papel de un Dios y otorgarte su poder de inventiva. Corroborar tu don para originar elementos inexistentes. Pero ¿quién sería yo, sino un Dios más poderoso que tú?, si lo hiciera. O podría denominarte “creativo”, comparándote a él, definiendo tus virtudes, pero equiparándote a otros que son igual que tú. Y aun así, la cuestión es: ¿lo eres realmente?

2 Relleno Principio - Cueces o Enriqueces

Y en eso consiste este camino: en descubrir si nos podemos autodenominar “creativos”, en descifrar qué ocurre en la cabecita de una persona cuando se enfrenta a una hoja en blanco, antes de plasmar una idea, para que sepa a ciencia cierta que está creando algo. Y, sobre todo, si eso es lo que sucede de verdad. Porque si lo pensamos con detenimiento… ¿existe de verdad un momento en el que alguien se vea ante una mente vacía? ¿Qué hay antes de una no idea sino una idea?

En estas reflexiones andábamos cuando el embudo de las no ideas nos absorbió y la locura se apoderó de nosotras. ¿Qué se supone que crea un llamado “creativo”?, si en realidad no está inventando nada nuevo. Es más, ¿somos tan presuntuosos de creernos originarios y originales? ¿No se sobreentiende que crear –y ojo, que lo dice la RAE, ‘el dios omnisapiente de los significados de las palabras’– es “producir algo de la nada”? Y corregidme si me equivoco, pero de la nada no es de donde vienen las ideas, las ideas nacen del todo.

 

¿El todo? Todo lo que hay en nuestras cabezas. Una mezcla de lo que hemos aprendido con una colección de recuerdos. Una librería de imágenes: un mashup de nuestra propia experiencia y del imaginario compartido con el resto de la sociedad. Un mundo sin límites de referencias que nos condicionan –nos inspiran– a la hora de “crear”.

Así que, sí, permite que ponga en duda nuestra creatividad y originalidad, porque si las imágenes que tan felizmente “inventamos” y lanzamos al mundo proceden de otras; si nuestras creaciones nacen del “todo” y no de la “nada”… Entonces, querido creativo: bienvenido al único, maravilloso y real mundo de la copia, porque cualquier otro en el que creyeras vivir era tan solo un espejismo. Nuestra peor pesadilla se ha hecho realidad.

 

Sí, pueden ser copias conscientes y no tan conscientes. Unas parecidas a sus referentes, y otras herederas de rasgos menos evidentes. Pero, a pesar de los matices… ¡Empecemos a llamar a las cosas por su nombre! ¡Dejémonos de tanta “inspiración por allí y por allá”! ¡Apartemos el miedo a esa palabreja que nos gusta tan poco!

C - O - P - I - A

CO - PIA

COPIA

Y más ¡COPIA!

Pero, no desesperemos. Todavía no. ¡Aún hay luz al final del túnel! Estamos a tiempo de dar una vuelta de 180º, ya que en este punto surge la pregunta mágica que, a priori, nos salvará: ¿cuánto ha de cambiar una imagen desde su referente inicial para que se considere nueva, para que deje de ser una copia?

 

I / La estadística de las copias o cómo las matemáticas nos salvan el culo
Según nuestro “dios de las palabras” una copia es una “imitación de una obra ajena, con la pretensión de que parezca original”. Pero si hablamos de una imagen inspirada, el parecido está ahí, aunque con un nuevo enfoque, así que deja de ser una imitación en el momento en el que tiene otra intención, otra historia, ¿o no?

Y cuando es una copia sutil –de estilo, de objetos presentes, o de ideas expresadas de otra manera– ¿se convierte en algo nuevo? ¿Y si la inspiración viene de referentes desconocidos? ¿Dejaría de ser considerada una réplica porque nadie sabe de dónde viene? Si nuestra nueva imagen proviene de un camino de inspiraciones desconocido, tiene más oportunidades de sobrevivir a las críticas, pero ¿no es hipócrita pensar, a pesar de ello, que somos inventores?

Inventor o no, la cuestión está en cómo te lo montas. Cómo bates los ingredientes de tu memoria y los reinterpretas para hacer de ellos algo tuyo, diferente, irreconocible… ¡desconocido! Por estadística, puedes crear tantas imágenes nuevas –alejadas de sus referentes– como veces fusiones los elementos de tu cabeza en distintas combinaciones. Si haces un “copia y pega” de tu librería de imágenes en todas sus fusiones posibles, las referencias se pierden en el camino y generas algo desconocido que pasa a convertirse, por inercia, en algo nuevo: una copia enriquecida que deja de ser una copia.

¡Bendita estadística y bendita probabilidad!

 

II/ El árbol genealógico de una imagen –por desconocimiento– nueva
La creatividad es un juego que alimenta al siempre hambriento monstruo del Arte. Y la creación funciona como un teléfono escacharrado, como un cadáver exquisito: se sobreescribe a partir de lo que ya existe. El creativo no es más que la batidora que mezcla todos los elementos para darles un nuevo orden.

Y como esto va de juegos, hemos querido sumarnos a la partida y que juguéis con nosotras. La idea es la siguiente: presta atención a la siguiente fotografía y trata de imaginar su ascendencia. Sus orígenes. ¿Te suena o es desconocida? ¿La damos por “nueva”? Ahora sigue leyendo.

 

2-Hijo

Queríamos demostrar, de una forma totalmente lógica y analítica, que en el camino de la estadística, las referencias se perdían. Demostrar que, a pesar de provenir de una o varias imágenes ya existentes, nuestras “copias enriquecidas” pueden pasar a considerarse nuevas.

 

Y este es el resultado: el árbol familiar de nuestro querido y “desconocido” primogénito.

Arbol Genexalogico Fotografico - Cueces o Enriqueces

Este experimento tan “mendeliano” –te sonarán sus guisantes y el origen de la llamada “herencia genética”– empezó por la elección de ocho obras de artistas famosos totalmente al azar entre una gran recopilación de imágenes, haciendo alusión a nuestra librería mental y conformando así la primera línea genética de esta familia fotográfica: la de los bisabuelos, a quienes además emparejamos aleatoriamente de dos en dos.

El resto ya lo habrás adivinado. Siendo totalmente objetivas –sí, algo matemáticas–, y dentro de nuestras posibilidades, generamos nuevas imágenes generacionales a partir de los ancestros. Así, imitamos el proceso creativo a la hora de engendrar una fotografía “hijo”, viendo cómo unas referencias iniciales se transforman al mezclarse con otras, y cómo la pieza resultante tiene rasgos de sus antepasados, genes recesivos y características heredadas. Pero, ¿qué opináis vosotros? ¿Ha cambiado lo suficiente como para tener el honor de ser considerada "nueva"? ¿Hay esperanza?

Nosotras creemos que la hay. Es hora de asumir el nuevo rol del creativo, de no quedarnos estancados en la búsqueda de la originalidad que a nadie importa, e ir más allá. Es el momento de subirnos al tren y aprovecharnos de ello. Abramos la mente a la inspiración consciente y, ¿por qué no?, a la creación de “imágenes enriquecidas”.

Pero, ¿y tú qué decides? ¿Cueces o enriqueces?

Autor: Moonbow Lab

Imágenes "Bisabuelos": Wendy Van Santen, Wes Anderson, David La Chapelle, Dawn NG, Roy Lichtenstein, Chema Madoz, Paloma Rincón

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