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01 El valor de una obra

  • Abre el Ojo
  • "Clones"
  • Número 05 - 25 de mayo de 2016
Matilde Lorenzo Tenreiro
  • Matilde Lorenzo Tenreiro

Con frecuencia tenemos la sensación de encontrarnos frente al eterno retorno de lo mismo. Apropiaciones, copias y homenajes se suceden por doquier, pero en todo ello manda siempre el contexto, que determina el uso y el significado. A pesar de todo, hay casos de descontextualización que siguen sorprendiéndonos.

En efecto, ¿puede convertirse una camiseta publicitaria de una empresa de transportes en objeto de deseo en el mundo de la moda? La marca alemana VETEMENTS ha demostrado que sí. Pero ¿qué es lo que tiene esta camiseta que siendo igual a las que usan los transportistas la hace merecedora de pagar 235 euros por ella?


Walter Benjamin, en su ensayo La obra de arte en la época de su reproductividad técnica (1935), nos introduce el concepto de "aura". El aura, para Benjamin, se basa en la relación existente entre la obra y el receptor. El evento que supone la contemplación de una obra de arte, la relación que se establece con el objeto, el señalamiento del que goza la obra al ser expuesta como tal, contribuyen a que se perciban con un halo, un aura, una cualidad intangible que las diferencia de los objetos convencionales; es decir, la obra de arte es original y única. Tradicionalmente, las grandes esculturas, pinturas, obras de arquitectura, estaban destinadas a un público limitado. El encuentro entre la obra y el individuo se producía en un momento y lugar acotados, y dicho encuentro estaba íntimamente relacionado con su posición social.

Hoy en día, la capacidad de distribución masiva del arte ha cambiado la relación que se establece con la producción artística. Desde tu portátil, tablet, móvil, puedes contemplar casi cualquier obra de arte. Podríamos argumentar que se ha producido un desplazamiento del aura. Conocer una obra, verla en detalle, estudiar sus colores... ya no es una situación memorable ni está dirigida a un público acotado.

Sin embargo, incluso a la reproducción más lograda, en tamaño, color y forma, a la falsificación más perfecta, le falta algo: el aquí y ahora de la auténtica obra de arte. Su existencia irrepetible, testigo insustituible de su momento.

 

El valor de una obra 1

No es lo mismo tener una camiseta publicitaria de DHL, que la camiseta de DHL que VETEMENTS ha presentado en su colección P/V 2016. No es la original, pero es la auténtica.

Del mismo modo que VETEMENTS ha evidenciado esta relación de objeto y aura, Doug Fishbone, con su exposición Made in China abre un debate entre copia, originalidad y autenticidad. Para esta exposición en la Dulwich Picture Gallery de Londres, una de las obras de la exposición permanente es sustituida por una copia realizada al por mayor en China. El objeto se imbuye del aura social e institucional de la que carecía cuando se vendía junto a otros cientos de copias. Técnicamente es igual y, al no reconocerse la copia, la sensación que trasmite se iguala a la producida por el original. Es el receptor el que, con su señalamiento, con la distinción que hace de esa obra entre millones de copias chinas, le presta el aura ausente.

En 1945 Han Van Meegeren afirmaba haber probado que la diferencia entre su obra y la de los grandes pintores, no era de índole estética. De hecho, durante años, la considerada como obra maestra de Van Veermer era en realidad obra de este falsificador.

La historia de este holandés ocupa uno de los capítulos más increíbles de la historia del arte. Tras abandonar los estudios de arquitectura, Van Meegeren comenzó a tener éxito como retratista entre la clase alta de La Haya. Se consideró menospreciado por la crítica y abandonó Holanda para asentarse en el sur de Francia, donde comenzó a pintar "a la manera" de los grandes pintores de la Época de Oro holandesa. Replicó con tanta precisión el estilo y los colores, que sus cuadros llegaron a ser reconocidos por los críticos como genuinos. Su mejor falsificación, Los discípulos de Emaús, pintada en 1937, llegó a ser considerada su obra maestra y expuesta en el Museo Boymans Van Beuningen de Róterdam.

En 1942, con Europa sumida en guerra, una de las falsificaciones de Meergeren llegó a manos del mariscal del Reich Hermann Göring. Tras la entrada de las tropas en Holanda, se hallaron las obras y Meergeren fue acusado de traición, colaboracionismo y saqueo del patrimonio cultural neerlandés. Y este, con el fin de evitar una larga condena, admitió su fraude. Han Van Meergeren durante el juicio dijo que había querido probar que el mundo del arte era tan falso como sus pinturas.

En 2013, el Círculo de Bellas Artes de Madrid dedicó la exposición Proyecto FAKE a otro de los grandes falsificadores del siglo XX, Elmyr d'Hory, quien falsificó aproximadamente 1.000 cuadros durante su vida y -según se cree- algunos de ellos siguen formando parte de las colecciones de los mejores museos del mundo.

La vida de Elmyr quedó retratada en la biografía que Clifford Irving realizó de él en 1969, Fake! The Story of Elmyr d'Hory, the Greatest Art Forger of Our Time. Esta pareja de falsificadores (Irving salta a la fama por ser el autor de uno de las grandes estafas literarias de nuestro tiempo, las falsas memorias de Howard Hughes), fue inmortalizada por Orson Welles en su falso documental F de FAKE, forjando el mito de Elmyr. Sus cuadros, a día de hoy, son objetos codiciados en el mercado del arte.

 

El pintor húngaro empezó sus días como falsificador vendiendo un dibujo suyo que, erróneamente, atribuyen a Picasso. Esto le llevó de París a Nueva York y, al final de sus días, a Ibiza, donde fueron tomadas las imágenes del documental de Orson Welles. Decía Elmyr: “Si una de mis obras cuelga en las paredes de un museo durante tiempo suficiente, se convertirá en auténtica”.

Pero ¿cuáles eran las motivaciones de d'Hory? ¿Demostrar que la calidad de la obra es independiente del autor o simplemente una forma de enriquecerse?

The true picture

Quizá este desapego por el arte, entendiéndolo como una manera más de ganarse la vida, produciendo cuadros para subsistir, haya sido la mayor crítica que ha sufrido el mercado del arte. Un arte sin concepción, sin intenciones más allá del enriquecimiento, sin una visión personal, sin ninguna reflexión.

Si una pieza de arte no tiene un precio, ¿está completa? Hoy en día, que las piezas de arte se han convertido en verdaderos fetiches dentro del papel predominante del mercado, cabe preguntarse si el valor de una obra reside en la autoría, contagiándose esta de un valor que por sí misma parece no tener sin estar asociada y respaldada por un nombre que le transfiera su supuesta calidad.

¿Se han convertido los museos en grandes colecciones de cosas que valen grandes cantidades de dinero? Si la copia existe, es porque existe un mercado. Entonces, cabría preguntarse ¿este mercado ha dejado de lado el verdadero valor del arte?

Puede ser que d'Hory tuviese razón, y que el mundo del arte se haya convertido en una gran mentira, otra manera más de negociar donde se le otorga valor a objetos de una forma casi arbitraria, donde unos expertos fijan su mirada en ciertos objetos, orientando la del gran público y privándoles así de la gran experiencia del arte.

VETEMENTS ha conseguido que la camiseta de DHL sea un objeto de deseo, una pieza exclusiva. Y sea una campaña de marketing, sea una vuelta de tuerca a La fuente de Duchamp, la reflexión y el impacto que ha causado esta camiseta puede llevarnos a considerarla en sí misma una obra de arte.

Autora: Matilde Lorenzo Tenreiro

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