Cargando Cargando

04 ¿COPIAMOS O/Y CREAMOS?

  • Abre el Ojo
  • "Clones"
  • Número 05 - 25 de mayo de 2016
Sara Oliver Gómez de la Vega
  • Sara Oliver Gómez de la Vega

Somos apropiadores por naturaleza. Copiamos lo que vemos y lo que oímos, y así es como nuestro cerebro y habilidades se van desarrollando. Kirby Ferguson, escritor, editor y director, ha realizado una serie de películas tituladas Is Everything a Remix? (¿Es todo un remix?), en las que sostiene que lo único original es el Big Bang y todo lo demás es derogatorio.

Inicialmente copiamos, imitamos y/o reproducimos lo que nos rodea, para aprender. Sin embargo, cuando llegamos a la edad adulta, copiar, en vez de ser un modo de aprendizaje o experimentación, se convierte en falta de creatividad y originalidad. Incluso cuando, la verdad sea dicha, toda creación siempre es la suma de una serie de influencias. La propiedad intelectual y el copyright acechan a los creadores y la producción cultural. La ley no está a la altura de los hechos, situándose en contra del creador la mayoría de veces y a favor de las grandes corporaciones, ya que son estas las que dictan las leyes y poseen los derechos de copyright.

Con esto en mente, el otro día entrevisté a Nate Harrison, un artista y escritor americano, que investiga la intersección entre propiedad intelectual y producción cultural hoy en día. En su clase Appropriation Art: From Duchamp to Digital Disobedience (Arte de Apropiación: de Duchamp a la era de desobediencia digital) en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, donde se estudian casos recientes de demandas por plagio y se dialoga sobre la ética y las consecuencias de “apropiarse” del trabajo de otros. Aquí os dejo nuestra conversación.

Sara Oliver: ¿Hay alguna ley internacional sobre copyright y propiedad intelectual común a todos los países?

Nate Harrison: Hay una ley global sobre derechos de autor llamada la Convención de Berna, un acuerdo internacional que se firmó en Suiza en 1886. En él se establecieron las directrices generales, pero cada país puede fijar sus propias leyes.

De hecho, los derechos de autor difieren mucho de un país a otro. Por ejemplo, Estados Unidos tiene un derecho que se llama “Fair Use” (uso justo) y, en cambio, Francia no lo tiene. Una obra pasa al dominio público entre los 50 y 70 años después de la muerte del autor. Sin embargo, las grandes empresas cinematográficas y discográficas de Estados Unidos pretenden que los países firmantes del TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) alarguen los plazos hasta incluso los 120 años. Y esto lo sabemos por documentos filtrados, ya que estas reuniones son secretas.

Los lobbies de Estados Unidos están presionando al TPP. Es un acuerdo estratégico entre países, que está proponiendo cambiar la ley del copyright y todo el mundo que conozco está en contra, opinando que es terrible. Está siendo una gran controversia. Lo que más miedo da es que no es un acuerdo gubernamental, es prácticamente una reunión secreta en el sector privado y no están obligados a hablar de ello al público.

Cariou-v.-Prince-Graduation-fair-use-in-appropriation-art

SO: ¿Pero el copyright no debería ser responsabilidad de los gobiernos?

NH: Sí, es responsabilidad de los gobiernos, pero lo que tengo entendido es que lo tratan personas de negocios, pertenecientes a corporaciones de distintos países, haciendo este acuerdo entre ellos. De una forma y otra, los gobiernos han autorizado y se han puesto de acuerdo para cumplir.

Básicamente, las personas que hay en la sala no son funcionarios del gobierno —aunque probablemente haya algún oficial del gobierno porque al final del día se trata de llevar a cabo estas leyes—, sino que se trata de un montón de CEOs de corporaciones decidiendo el lenguaje del documento.




SO: Es bastante enrevesado cómo funciona todo esto y es complicado entender todos los “intríngulis” de la ley, pero ¿cómo afecta la propiedad intelectual al arte?

NH: Ante todo, en el arte uno debería preguntarse cómo te sentirías si alguien copiase tu trabajo. ¿Te gustaría?

Hay un caso muy famoso en el que Richard Prince, un pintor americano, escaneó un libro entero de fotografías hechas por Patrick Cariou, un fotógrafo francés, y creó un montón de cuadros con ciertas variaciones que luego vendió por muchísimo dinero. Acto seguido Cariou le demandó. Este es un buen ejemplo, porque Prince apenas modificó las fotografías originales. Así que ¿cuánto tienes que cambiar, modificar algo, para que se convierta en otra cosa?

Prince se hizo famoso, precisamente, apropiándose de las imágenes de los anuncios de cigarrillos Marlboro a finales de los 80. Y en este preciso caso no cambió absolutamente nada, simplemente borró el logo, cual acto “duchampiano”, y cambió el contexto expositivo. Suficiente cambio para decir que ya no estaba infringiendo la ley de copyright en Estados Unidos, aplicando el concepto de “Fair Use”. Esto le permitió continuar, aunque le siguen demandando.

Muchas veces la copia del original se termina convirtiendo en una nueva obra, pero ¿cuánto tienes que modificar el original para hacerlo tuyo?

SO: El caso es que el concepto de “autoría” no ha existido siempre. ¿Qué pasaría si hoy en día en vez de exaltar al individuo y al genio exaltáramos el conocimiento? Seríamos herramientas al servicio del desarrollo y la experimentación. De esta forma, también perderíamos esa presión que el creativo tiene de crear una obra maestra y, personalmente, creo que esto ayudaría a la creación de muchas más cosas que fomentarían el desarrollo y el conocimiento humano. Pero quizás esto solo sea una utopía.

NH: Tras la invención de la imprenta en el siglo XV, el deseo por leer libros creció exponencialmente en Europa. Se creó un mercado basado en el deseo y la demanda por leer. Ya no era solo un privilegio de unos pocos, pero poco a poco, más y más gente empezó a aprender a leer y, por consiguiente, a querer libros. Cuando se pensó el libro como objeto al alcance de más de unos pocos, se empezó a comercializar y producir en masa. De esta forma, surgió el desarrollo del mercado económico. Tras su desarrollo, empiezas a encontrar gente que quiere hacer dinero, gente que quiere promover su nombre y gente que quiere introducir sus ideas. Y todo esto ocurrió de forma significativa durante la Ilustración, donde el ser humano se convirtió en la medida de todas las cosas y el centro de la conciencia humana era el conocimiento. Así que la combinación de todos estos elementos llevó a la nueva identidad del autor único y la idea del genio.

Esta idea del autor y del genio individual está muy arraigada en nosotros, en Europa y Estados Unidos, en la cultura de la parte occidental del mundo. Incluso la simple lógica de ir a una escuela de arte está arraigada en esta idea del individuo. De ti, Sara Oliver, se espera que te hagas un nombre; no se supone que serás alguien anónimo.

Lo que encuentro muy interesante es que, recientemente, se encuentran más y más casos de colaboraciones: los Yes Men, los gemelos Doug & Mike Starn, las Guerrilla Girls,... gente que colabora en sus prácticas artísticas. Ha habido décadas y décadas en la educación artística, al menos en Estados Unidos, en las que se ha entendido, y supuesto, que debes ser un artista individual que exhibe una visión singular. Encontrarás incluso esta idea escrita en la misión que promueven muchas escuelas de arte en Estados Unidos: ayudar a fomentar la voz individual del estudiante. No hay nada escrito sobre colaborar, sobre multiplicidad de autores o nada que se le parezca, y las solicitudes se consideran por individuo y no por colectivo.


SO: ¿Qué piensas, en términos generales, sobre el copyright y la propiedad intelectual (authorship)?

NH: Creo que son construcciones artificiales fundadas por el hombre. No hay nada inherente y evidente en la ley de derechos de autor y, ante ello, existen multitud de opiniones, desde los más extremistas, que piensan que todo se debería regalar, a los que por el contrario creen que todo debería ser exclusivamente propiedad del creador, pasando evidentemente por puntos medios que no son ni lo uno ni lo otro.

Hace unos años me pasó algo interesante. Hice un video, que colgué en Youtube, sobre la evolución de la muestra de música más famosa de la historia. Al cabo de unos años, The Economist publicó un artículo contando la misma historia, con exactamente los mismos ejemplos que yo había dado en mi video. Bueno, no eran las mismas palabras, pero muy similares. Estaba confundido, ni siquiera habían mencionado mi nombre. Sin embargo, mi argumento sobre por qué esa particular muestra de música se hizo famosa fue precisamente porque nadie pidió permiso para usarla. Hubiera sido hipócrita por mi parte enfadarme con The Economist, pero al mismo tiempo me sentí muy ofendido, pasé mucho tiempo investigando para crear aquel video. Después de varios intercambios de emails, me puse en contacto con el escritor del artículo y accedió a mencionar mi nombre.

Este incidente, me hizo cuestionar mi opinión y posición ante los derechos de autor. Solía hablar todo el tiempo sobre cómo las cosas deberían ser libres, sobre cómo deberíamos compartir… hasta que alguien te copia, sin darte crédito alguno, después de haber invertido un gran esfuerzo en crear algo. Para cierta gente, como yo, el reconocimiento es suficiente, pero otros quieren dinero.

maxresdefault

SO: El copyright termina siendo un problema de ética y entiendo que un gran problema es que las compañías decidan por nosotros. ¿Hasta qué punto podemos hacer algo al respecto?

NH: El día en el que el artista no tenga ni idea de estos temas llegará su fin. No hay excusa para no informarse. Cada día que pasa tenemos que lidiar con más frecuencia con temas similares, sobre todo en Internet. Cada vez hay más copias y más copiados.

SO: ¿Crees que el concepto de autoría debería repensarse entre la creación de una idea y el consumo de la misma?

NH: Bueno, no creo que las leyes sobre copyright deban desaparecer. Creo que tener una ley es algo bueno, pero se deberían modificar para reconocer la realidad del siglo XXI. El modelo actual sobre derechos de autor está basado en un modelo muy antiguo, y vivimos en una sociedad donde es habitual “copiar”. Incluso el simple acto de reenviar un email es copiar, al reenviarlo, estás haciendo una copia de ese email.

Estoy viviendo precisamente esto mismo con mi hija de 2 años. Cada cosa que digo, ella lo repite, y es así como aprenderá a hablar. Y así es como aprendimos a hablar nosotros.

En una práctica artística copiar y apropiarse de cosas, sea música o recursos visuales, convirtiéndose en parte de una estrategia artística que juega también con la descontextualización. Es algo muy común de todos los días, y creo que las leyes deberían reflejarlo.

No soy un gran creyente en lo que a deshacerse de los derechos de autor se refiere, porque creo que la gente debería ser compensada por su trabajo. Sin embargo, también pienso que las leyes sobre el copyright deben ser razonables.

Cuando la ley del copyright fue elaborada, en 1790 en Estados Unidos, el tiempo que tenía que pasar para que una obra pasara a dominio público estaba establecido en 14 años. Por tanto, todo este lío de los 70 años es ridículo. Creo que la solución más sencilla sería volver a esos 14 años. ¿Qué habría de malo en ello?

Si quieres copiar algo, realmente piensa en qué estás haciendo con lo que copias. Si es una imagen, piensa qué es lo que estás haciendo con ella. ¿Estás preparado/a para defenderlo? Piensa en por qué escogiste esa imagen, por qué era importante para ti apropiarte de ella y si crees que tienes una buena respuesta, entonces hazlo.

Autora: Sara Oliver

Suscríbete al Newsletter

Demuestra que no eres un robot.

Responsable: Istituto Europeo Di Design, S.L. B-80813959

Finalidad: La información recopilada en el sitio web únicamente será utilizada para las siguientes finalidades:

Tipo de información que recopilamos (Legitimación):

Consentimiento expreso, o contrato. Recopilaremos los datos que se indican en el formulario, dicha información es necesaria para realizar las finalidades que se describen en el anterior apartado.

Destinatarios de tus datos:

Te informamos que a tu información accede el Istituto Europeo di Design, S.L. y las entidades del Grupo IED.

Derechos:

Tienes derecho a acceder, rectificar, cancelar y a oponerse a aquellos tratamientos que no desees, comunicándolo a: baja@madrid.ied.es, o cancelando tu suscripción desde los newsletters del IED

Si necesitas más información puedes consultarla aquí