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08 Con los pinceles cambiados

  • Abre el Ojo
  • "Clones"
  • Número 05 - 25 de mayo de 2016
Roselino López
  • Roselino López

El mundo del cómic está plagado de personajes y autores icónicos más o menos reconocibles incluso por los profanos. Mortadelo y Filemón son dibujados por Ibáñez, Tintín por Hergé, Corto Maltés es de Hugo Pratt y Astérix de Uderzo. Son hechos reconocidos que nadie pone en duda, aunque en ocasiones la realidad sea otra.

Si bien de forma natural tendemos a relacionar personajes con autores y autores con estilos, a lo largo de la historia del noveno arte son muchos los casos de dibujantes que han tenido un estilo ajeno al propio o de personajes que han sido dibujados por autores que no son los habituales, ya sea por voluntad de estos, ya sea a causa de formas menos recomendables desde un punto de vista ético.

Como ya dije, son muchos los casos; solo con hablar de todos los superhéroes que no son dibujados por sus creadores ya daría para muchos artículos como el presente, así que mejor intentaré reseñar solo algunos de los momentos en la historia del cómic en que los autores han cambiado su estilo o en el que han sido los personajes los que han cambiado de autor.

Comenzaré hablando de España para después dar una vuelta por Europa, Estados Unidos y acabar en Japón, donde el cómic es siempre un asunto fascinante.

1 España (experimentos formales y 'negros' por imposición)

paginas de peter petrake

Dentro de los cambios de estilos, me interesa en especial el trabajo que realizó Miguel Calatayud para la revista Trinca con las aventuras de Peter Petrake.

Miguel Calatayud (Aspe, Alicante, 1942) es uno de los más importantes ilustradores y dibujantes españoles. Merecedor, entre otros, del Premio Nacional de Ilustración, se caracteriza por tener un estilo único y particular en el que el color y la línea recta son predominantes. En 1970 el dibujante comenzó a publicar en la revista Trinca una serie de historias cortas que tenían como protagonista a un personaje llamado Peter Petrake y que eran una clara parodia de las películas de James Bond.

Las divertidas aventuras del personaje aparecían dibujadas en un estilo que nada tenía que ver con el habitual del dibujante; ahora era la curva la que determinaba el dibujo así como un uso del color exuberante y cercano a la psicodelia. En cada página quedaba patente la influencia del trabajo que Heinz Edelmann realizó para la película Yellow Submarine y que tanto influyó a los dibujantes de la época.

Peter Petrake es una exquisita rareza, dentro de la historia del cómic español, que no pasó de una serie de historias cortas y un álbum, Pop carrusel, comenzado pero nunca acabado. El conjunto fue publicado en 2009 por El patito editorial. Existe otro cómic dibujado por Miguel Calatayud con un estilo similar, se titula Los doce trabajos de Hércules y fue publicado también por Trinca.

VinÞetas-de-Casanyes-y-de-Franquin

Pero si en España se habla de cómic, hay que hablar de Mortadelo y Filemón y de la editorial que los lanzó al mundo, Bruguera. ¿Quién no ha leído alguna aventura de los agentes de la T.I.A.? Son parte de nuestra historia y su difusión y fama superan a cualquier otro personaje publicado en nuestro país, sea nacional o extranjero. A quien se le pregunte que quién los dibuja no dudará en mencionar a Francisco Ibáñez.

Francisco Ibáñez Talavera (Barcelona, 15 de marzo de 1936) es nuestro historietista más leído y conocido miembro de la segunda generación de la Escuela Bruguera, conocida como Generación del 57, junto a otros como Nadal, Gin, Raf o Martz Schmidt. Fue el creador de muchos personajes míticos e icónicos, pero sus hijos más célebres son Mortadelo y Filemón.

Desde su creación, los personajes de Ibáñez fueron los más queridos de la editorial Bruguera, cuya producción de revistas era descomunal y frenética, lo que llevaba a demandar a los dibujantes una cantidad de historias que muchas veces no podían abarcar. Era entonces cuando la editorial recurría a lo que se conoce como "negros", aquellos que realizan el trabajo de un autor sin que conste su nombre en la publicación. En algunas ocasiones, los autores originales de los personajes estaban al tanto pero otras veces, como le ocurrió a Vázquez con su Anacleto, la editorial actuaba a sus espaldas, pues el concepto de autoría era casi inexistente: eran meros obreros en una cadena de producción que no podía pararse.

Ibáñez era el dibujante estrella y por eso la editorial le demandaba una producción mayor, por eso las historias dibujadas por otros fueron más en su caso. De aquellos dibujantes que ejercieron de negros para la editorial hay dos especialmente célebres, Juan Manuel Muñoz y Ramón María Casanyes.
Juan M. Muñoz (1961), aficionado al dibujo desde muy niño, comenzó a trabajar en el 78 como entintador en Bruguera, poniendo tinta a personajes como El profesor Tragacanto, Deliranta Rococó o Zipi y Zape, aunque estos últimos no gustaron a Escobar, su creador.

Tras mucho tiempo entintando varios personajes, comenzó a trabajar con Mortadelo y Filemón, entintando primero y llegando a dibujar aventuras completas de los detectives de la T.I.A., aunque no era su firma la que constaba.

Alrededor de 1986, se puso en contacto con Ibáñez y trabajó para él en la editorial Grijalbo, donde surgieron nuevos personajes como Chicha, Tato y Clodoveo de profesión sin empleo o el 7, Rebolling Street, una versión del 13 Rue del Percebe con ciertos cambios, pues los derechos de la original los tenía la editorial Bruguera. Algunas de las páginas de esta serie fueron completamente dibujadas por Muñoz.

En 1988 Ibáñez recuperó el control de los personajes que se publicaban en Ediciones B y Muñoz fue su colaborador más cercano; en aquel periodo igual entintaba que se encargaba de los lápices o del acabado final. También colaboraban con él otros autores como Ramón Bernardó o Lourdes Martín. J. M. Muñoz no solo trabajó para los personajes de Ibáñez, sino que lo hizo para otras editoriales como Egmont.

 

El otro nombre destacado entre los autores que trabajaron dibujando personajes de Ibáñez y que considero oportuno reseñar es Ramón María Casanyes, pero su relación con los personajes y la editorial no es tan grata como la de Muñoz. Casanyes fue el mayor negro que Bruguera asignó a la producción frenética de Ibáñez. Fue uno de los dibujantes del Bruguera-Equip (Llamado después Equipo-B) dirigido por Blas Sanchís, un grupo de jóvenes a los que la editorial exprimía a un ritmo casi imposible de soportar.

Las historias que Casanyes realizó para Mortadelo son fáciles de reconocer, porque comenzaban con una gran viñeta-chiste con un bocadillo de gran tamaño; era su sello, su forma de distinguirse, puesto que su autoría no se veía nunca reflejada en las páginas. Además de las viñetas iniciales tan características, incluyó elementos en las expresiones de los protagonistas que diferenciaban su obra, así como una gran influencia en el estilo de Franquin, del que llegó a copiar viñetas de forma casi literal.

Estas viñetas aparecen en toda su producción, pero sobre todo en los álbumes de la colección Olé del 222 al 232, algunos de los cuales llevaban la portada dibujada por Ibáñez, aunque las páginas interiores estuvieran realizadas por otros autores, muchas de ellas por Casanyes.

Fue el dibujante que mejor imitó a Ibáñez, captando su estilo mejor que nadie. Su trabajo en las páginas de Mortadelo está a la altura del creador y muchas veces cuesta mucho distinguir qué parte dibujó uno y cuál el otro. Después de una muy larga temporada trabajando para Bruguera, Casanyes se despidió en junio de 1982 y continuó el trabajo que ya había empezado en revistas adultas como Címoc, Titánic (del equipo de El Jueves) o Rambla, realizando en esta última un trabajo casi hiperrealista.

La-aventura-erotica-de-Mortadelo-por-Casanyes

Después de tantos años dibujando con el nombre de otro, Casanyes decidió tomarse su pequeña venganza contra Bruguera y publicó en la revista Titánic una historieta de 4 páginas en forma de parodia erótica de Mortadelo y Filemón, que tuvo una importante difusión tiempo después, llegando incluso a Alemania, donde fue conocida como “Der Skandal”.

Casanyes fue un excelente dibujante y gran responsable de la fama de Mortadelo y Filemón. Aunque su trabajo no fuera reconocido, este era de una gran calidad: sus portadas eran minuciosas, cuidadas en cada detalle y dibujadas con maestría. De hecho, comparando sus dibujos a lápiz con el resultado final que se daba a las portadas tras el entintado y coloreado, se puede comprobar cómo muchas veces los dibujos originales eran mejores que el resultado final. Después de su periplo en Bruguera, Casanyes siguió dibujando personajes como Paco Tecla y Lafayette con un estilo que recordaba a Ibáñez y, entre otros personajes, creó a la mascota Quicky para Nestlé.

Primera-pagina-publicada-de-Dona-Urraca

Dentro de la editorial Bruguera hay otro caso reseñable de cambio o adaptación de estilo. Miguel Bernet, con el pseudónimo de Jorge, dibujó su personaje Doña Urraca durante 12 años. En ese tiempo Bernet dio forma a un personaje peculiar, ajeno a la tendencia general en la editorial. Era un personaje negativo, una mezcla entre bruja de cuento y señora amargada amante de lo oscuro y lo maligno, pero que, como ocurría a todos los personajes, siempre salía malparada.

Las páginas de Jorge tuvieron momentos brillantes y definió el personaje que era seguido con interés por un gran número de personas. En 1960 Miguel Bernet murió, pero no así su personaje, que continuó sus desventuras dibujado por Jordi Bernet, el hijo del autor original.

Jordi tenía entonces 15 años y abandonó sus estudios en una academia de dibujo para ganarse la vida continuando el trabajo de su padre. No fue fácil: tuvo que convencer a Rafael González (responsable de la editorial) de que podía dibujar el personaje y, aunque este no quería ni mirar las pruebas, al final consiguió encargarse de la bruja malhumorada. Jordi solamente estuvo un año dibujando al personaje; lo dejó y continuó creando cómics hasta convertirse en uno de nuestros más grandes autores.

A Doña Urraca la siguieron dibujando otros autores, con desigual fortuna y siempre sorteando la censura, que se había obsesionado con el personaje, tal vez porque plasmaba una España negra que interesaba silenciar. De entre todos los continuadores de la obra de Miguel Bernet, habría que destacar a Gustavo Martínez Gómez, conocido por todos como Martz Schmidt o solo Schmidt. Este autor no solo continuó con el personaje, sino que lo elevó de categoría y se alejó, en cierto modo, del carácter infantil en la historia titulada Doña Urraca en el Castillo Nosferatu, una aventura a todo color que tiene viñetas realmente soberbias en la calidad del dibujo, el uso del color y lo sugerente de la ambientación.
Pagina-de-Bajo-el-sol-de-medianoche-dibujada-pro-Ruben-PellejeroHay más casos de dibujantes con los personajes o el estilo prestado: por ejemplo, el Capitán Trueno que Jesús Blasco y su hermano Adriano dibujaron en 1986 con guion de Víctor Mora, el creador original del personaje. En realidad se trató de un intento de Ediciones B para recuperar a uno de los personajes más importantes de nuestro cómic, pero no pasó de tres historias.

Y entre los más recientes, uno de gran importancia: la resurrección de Corto Maltés de la mano de los autores españoles Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero.

Tras la muerte de Hugo Pratt, creador y dibujante del personaje, sus aventuras quedaron en suspenso y parecía que iba a ser para siempre, aunque el dibujante italiano había dejado claro que “Habrá un final para Corto, pero no pienso hacerlo yo, porque Corto Maltés encontrará otro dibujante que le dé vida”.

A raíz de la publicación en Italia de Black Sad, con guion de Juan Díaz Canales, fue Patricia Zanotti, la editora del personaje en ese país y responsable de todos los derechos de Corto Maltés, la que propuso a Canales que fuera el guionista de las nuevas aventuras del marino. Canales propuso como dibujante a Pellejero y, entre los dos, han creado Bajo el sol de medianoche, la primera aventura de Corto Maltés que no ha sido creada por Hugo Pratt. El resultado es de una gran fidelidad al original, pero con el toque particular de los nuevos autores. Ya se anuncian más álbumes y habrá que estar atentos.

5 Europa. Personajes inmortales y autores bipolares

Pagina-de-Asterix-y-los-Pictos

Aprovechando la mención a Corto Maltés, haré un recorrido sobre los cómics europeos y sus personajes que han pasado por tantas manos.

Cuando Goscinny murió en 1977, el galo irreductible perdió a uno de sus padres, el autor de los guiones y gran responsable de su personalidad y humor tan particular. Tras 25 números de autoría conjunta entre Goscinny y Uderzo, fue el dibujante el que se encargó de la historia y del dibujo con una cierta merma en la calidad de las historias, pero afrontando la titánica tarea con valor y resultados dignos.

Cuando Albert Uderzo decidió que ya no podía dibujar más a Astérix y Obélix, la serie parecía haber llegado a su fin, hasta que en octubre de 2013 apareció Astérix y los Pictos, teniendo como guionista a Jean-Yves Ferri y como dibujante a Didier Conrad.

Ferri (nacido en 1959, el mismo año que Astérix) y Didier Conrad (1959) tenían ya una amplia carrera a sus espaldas, pero a pesar de su profesionalidad probada, este encargo constituía una dura prueba de cara a la legión de seguidores del personaje, que lo examinarían con mil ojos críticos.

La aventura salió bastante bien parada: el estilo de dibujo de Conrad se había adaptado con precisión al de Uderzo y la historia de Ferri era bastante buena.

Actualmente los dos autores van por el segundo tomo, menos valorado por la crítica y el público y, por el momento, parece ser que serán ellos los continuadores de la serie.
A caballo entre Francia y Bélgica, Spirou ha sido un personaje que, sin perder el sello de su autor original, Rob-vel, ha pasado por las manos de muchos autores. Entre los nombres que se han encargado de Spirou hay algunos como Franquin, Jean-Claude Fournier, Tome y Janry, Nic y Cauvin o Jean-David Morvan y José-Luis Munuera.

Ha sido un personaje goloso para muchos autores: de entre las distintas continuaciones hay obras menores y otras muy interesantes, que han hecho evolucionar al botones vestido de rojo, haciéndolo más adulto y menos inocente.

Pero no es Spirou el único personaje continuado por un autor ajeno, aunque en este caso no se tratara de un encargo editorial, sino del impulso de un admirador. Georges Remi, conocido como Hergé, creó a Tintin (en origen, Totor) para el semanario belga Le Petit Vingtième y dibujó 23 álbumes del personaje, en solitario en sus inicios y con grandes colaboradores que se encargaban de los fondos al final de su carrera.
Pagina de Tintin y el arte Alfa por RodierCuando Hergé falleció se encontraba dibujando Tintin y el arte Alpha, una aventura ambientada en el mercado del arte contemporáneo. Tenía páginas en las que el lápiz estaba muy acabado y otras que eran meros bocetos muy rápidos. El conjunto se publicó en un álbum especial, pero más bien como una rareza para coleccionistas y curiosos ávidos de conocer el proceso de trabajo de Hergé en una historia que él nunca finalizaría.

Yves Rodier comenzó su carrera como dibujante realizando pastiches no oficiales de Tintin, pero la gran calidad de su trabajo le permitió conocer a autores cercanos a Hergé, como Bob de Moor, Greg o Jacques Martin. El primer pastiche que realizó fue completar Tintin y el arte Alpha. Dibujó toda la historia en blanco y negro y la presentó a Moulinsart, la editorial que gestiona los derechos del personaje. La editorial no lo admitió, pero así consiguió conocer a los colaboradores de Tintín, su adorado personaje. Realizó también otros pastiches, como Un jour dans un aéroport o Le lac de la Sorcière.

Su versión de la última aventura de Tintin está publicada a todo color (en España la editó Castafiore) y si bien la calidad del dibujo es muy alta, los personajes no están a la altura de Hergé, no tienen la calidad de los originales ni la minuciosidad y perfeccionismo de Georges Remi; parecen hechos con prisa. Rodier fue el único que terminó un álbum incompleto de Tintin, pero han sido muchos los que han continuado las aventuras de Tintin por su cuenta y siempre sin la autorización de Moulinsart; a veces con contenidos adultos, otras veces con puntos de vista cercanos a la sátira y otras desde el respeto, pero eso es otra historia.

Regresando a Francia, y para terminar con el periplo europeo, habría que hablar de Jean Giraud y de Moebius, que no son dos autores sino uno solo, aunque no lo parezca.

Jean Giraud (1938-2012) firmó con su nombre las aventuras del Teniente Blueberry, un vaquero dibujado con estilo realista, minucioso y magistral. Con el seudónimo de Moebius creó un universo fantástico único e irrepetible, con obras como El garaje hermético o El Incal, dibujadas de forma que parece la mano de otro autor, no la del dibujante de Blueberry.

La obra de Giraud-Moebius es tan extensa y tan fascinante que daría para varios artículos como este, así que mejor dejarlo para otro momento.

8 Estados Unidos. Personajes en busca de autor y autores con personalidad múltiple

Tres-paginas-de-Wilson

La industria del cómic norteamericano no se llama así por casualidad. La filosofía de las editoriales es muy diferente de la del resto del mundo; allí los personajes pasan de autor en autor reconociendo siempre (o casi) a cada nuevo autor en los créditos.

Es, sobre todo, en las publicaciones de superhéroes donde esto queda más patente. Spiderman, Batman, Lobezno y un larguísimo etcétera se mantienen en forma pasando por diferentes pinceles y diferentes autores de sus aventuras, y el sistema funciona. Por esto no considero oportuno adentrarme en este terreno, pero sí hablar de algunos casos interesantes.

Will Eisner no fue solo uno de los mejores dibujantes de Estados Unidos, sino de todo el mundo. Su obra es extensa y variada, pero hay un personaje que le dio la fama y que lo convirtió en un maestro gracias a los ejercicios formales y conceptuales que realizaba en cada nueva aventura. Se trata de Spirit, su héroe enmascarado que encandiló a Estados Unidos.

Eisner comenzó a dibujar las aventuras del expolicía Denny Colt, dado por muerto y regresado en forma de héroe en 1940, siendo responsable de todos los guiones, pero no de todo el dibujo. Poco tiempo después asumió la tarea completa y convirtió una historieta de aventuras de un superhéroe más en una de las más importantes obras del cómic mundial, aunque lo que muchos lectores no saben es que en 1941, por culpa de la Segunda Guerra Mundial, Eisner dejó su personaje en manos de colaboradores como Jack Cole, Toni Blue o William Woolfolk en los guiones y el mismo Jack Cole, Lou Fine o incluso Joe Kubert en el dibujo y la tinta. Eisner recuperó el personaje en 1946 y comenzó su edad dorada, su época de mayor calidad en la que, aunque en ocasiones se ayudó de rotulistas, se servía de cada número para ir más allá en su dominio del dibujo y de la narración gráfica.

Sin embargo, tras su boda en 1950 y su nuevo trabajo como dibujante para el ejército, Will Eisner fue dejando el personaje en manos de otros autores, aunque procuraba supervisar los guiones. Hacia finales de 1951 era consciente de que la serie necesitaba cambiar, se estaba quedando anticuada y era eso o cancelarla. En ese momento entró en escena Wally Wood y fue entonces cuando Spirit viajó a la luna entrando en el terreno de la ciencia ficción, aunque bien es cierto que durante toda su singladura coqueteó con todos los géneros posibles, pero solamente de forma esporádica. Incluso se llegó a cambiar el título de la serie por el de “Outer Space”, con alguna referencia a Spirit como “Featuring Denny Colt alias The Spirit” en las portadas.

Fanboy-dibujado-por-Aragones-y-Bernet

Wally Wood realizó un trabajo excelente pero su estilo era notablemente diferente del de Eisner y la serie poco a poco fue perdiendo su identidad. Como varios periódicos del sindicato reclamaban la vuelta de Eisner, este acordó con Wood que él dibujaría las páginas de Spirit en la Tierra y Wally Wood las del espacio. Para colmo las historias se redujeron a 3 páginas de material nuevo y 3 de reimpresiones. La serie continuó dando tumbos en sus guiones y sus dibujos hasta que el 21 de septiembre de 1952 Spirit regresó a la Tierra y se publicó su última aventura.

Continuando en Estados Unidos, no se puede obviar a un autor español que dejó huella en el cómic norteamericano. Sergio Aragonés (San Mateo, Castellón, 1937) fue uno de los dibujantes más célebres de la mítica revista MAD, donde realizaba pequeñas viñetas, pero sobre todo es conocido por su serie Groo, que fue el primer cómic book publicado en Estados Unidos por una editorial, conservando los autores la propiedad legal del personaje. Groo, un bárbaro algo torpe, parodia de Conan, es su personaje más célebre, pero me interesa especialmente para este texto otro trabajo suyo, Fanboy.

Con guion de Mark Evanier, la serie narra las aventuras de Finster, un fanático de los cómics que es consciente de ser un personaje de cómic y como tal se dirige a los lectores. Rechazado por su amor platónico, Finster se refugia en los cómics y su mundo de fantasía, viviendo o imaginando aventuras en compañía de los más importantes superhéroes de DC y para ello, junto con Aragonés, dibujaron en la serie algunos autores como Bruce Timm, Neal Adams, Gil Kane, Bernie Wrightson, Frank Miller o Bill Sienkiewicz, entre otros, incluyendo a Jordi Bernet, a quien ya mencioné hablando de Doña Urraca.

El resultado final es un perfecto ejemplo de cómo los dibujantes de cómics siempre están dispuestos a intercambiar pinceles y personajes, si el resultado es algo tan interesante como Fanboy.

Para finalizar el recorrido por los cómics estadounidenses –como ya dije, hay tantos casos interesantes que podría escribir mucho sobre ellos–, me gustaría hablar de un dibujante que ha demostrado tener una capacidad camaleónica, cambiando estilo a voluntad como quien cambia de camisa.

Daniel Clowes, autor de la famosa Ghost World, entre otras obras maestras, publicó en 2010 una novela gráfica titulada Wilson.

El protagonista es un hombre de edad mediana, divorciado y con un comportamiento poco sociable. Vive con su perra, Pepper, y en ella vuelca todo el amor que es incapaz de dar a las personas. Las desventuras de Wilson se narran a través de historias pequeñas de una página y lo que le sucede entra dentro de los más variados géneros. Hay drama y comedia; a veces lo amamos, a veces lo odiamos.

Pero lo más interesante del cómic es que, para acentuar las emociones que el personaje despierta en los lectores, Clowes dibujó cada nueva página con un estilo diferente. Hay páginas de línea clara y otras que parecen cómic de superhéroes, algunas recuerdan las strips de los dominicales y otras al cómic indie. Y mucho más.

Wilson es un impresionante tour de force de un autor que ha demostrado tener un enorme dominio del dibujo, del guion y de la fusión de ambos en forma de historias únicas.

El cómic norteamericano da para mucho más; desde los estilos heredados de padre a hijo en la saga de los Romita o la forma de dibujar de Bill Sienkiewicz en sus comienzos idéntica a la de Neal Adams, hasta Bodycount, la parodia gore que Kevin Eastman como guionista y Simon Bisley como dibujante crearon de las Tortugas Ninja. En otra ocasión corresponderá hablar de ello.

11 Japón. Hombres araña de ojos dulces y Simpsons postnucleares

Spider-manThe-Manga

No se puede finalizar un artículo como este sin dar una vuelta por Japón. La cultura nipona se caracteriza por la apropiación y asimilación de cualquier elemento que venga allende sus mares. Lo absorben todo y lo convierten en elementos de su propia cultura. Como muestra valgan unos pocos botones.

Spider-Man; The Manga, publicado por Monthly Shonen Jump entre 1970 y 1971, es un cómic que, partiendo de una licencia de Marvel, recrea su propia visión de las aventuras de la creación más importante de Stan Lee, puesto que su país no autorizaba la importación de tebeos americanos.

Firmado por Ryoichi Ikegami (futuro dibujante de la muy buena Crying Freeman) presenta el devenir cotidiano de Yu Komori, un joven mordido por una araña radiactiva, como le ocurrió a Peter Parker, aunque no hay muchas semejanzas más allá de las elementales. No hay nadie que se parezca al tío Ben, no hay una responsabilidad que condicione su vida, sino una duda eterna sobre su papel en el mundo. Yu Komori tiene mucho más de adolescente que Peter Parker, hace cosas más propias de la edad, como encerrarse a fumar con un compañero y otros sucesos que lo hacen especialmente humano.

Yu Komori se enfrenta a villanos similares a los de la versión original, aunque aquí todos mueren cuando son vencidos; tal vez porque él se identifica demasiado con ellos, tiene mucho de monstruo y necesita eliminarlos. El resultado de esta mezcla de personajes y estilos es un caso más de creación adoptada que produce muy interesantes resultados.

 

Similitudes-entre-Pluto-y-Astroboy

Osamu Tezuka, al que se considera el padre del Manga, creó Astro Boy en los sesenta, estableciendo muchas de las bases del cómic japonés. Las aventuras del niño robot han sido leídas y disfrutadas en todo el mundo y entre sus seguidores está sin duda Naoki Urasawa, que publicó entre 2003 y 2009 una obra titulada Pluto.

Esta historia de suspense, que cuenta la peripecia de un robot detective de la Europol, está plagada de referencias a la obra de Tezuka; de hecho, Makoto Tezuka, el hijo del autor, la supervisó sin presentar objeciones. El estilo es más realista, la historia más dramática, pero cada viñeta destila reverencia por el personaje de Osamu Tezuka. Cada una debe leerse por separado y apreciar sus indudables valores.

 

 


Una-hipotetica-portada-de-Bartkira

Y como conclusión quisiera mencionar una obra que, si bien está ambientada en Japón y tiene una influencia indiscutible de la cultura del sol naciente, se podría decir que su nacionalidad es mundial.

Todo empezó cuando a Ryan Humphrey se le ocurrió redibujar algunas imágenes de Akira, la obra de Katsuhiro Otomo, pero con personajes de Los Simpson. Satisfecho con el resultado, se atrevió a realizar una versión del tráiler de la película Akira con el estilo Simpson, publicándolo en la red con éxito.

Todo podía haberse quedado en esta travesura en forma de homenaje pero, gracias a su difusión en Internet, un amplio número de dibujantes de todo el mundo se apresuraron a crear su propia versión de los personajes o de las escenas. De aquello surgió un conjunto de imágenes brillantes y potentes que mezclan los estilos de Otomo y Groening con los de cada autor.

Fue otra demostración de cómo el cómic y sus personajes son universales, porque todos los sentimos como nuestros, como una parte de nuestras vidas.

Autor: Roselino López

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