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05 Bendito Plagio

  • Abre el Ojo
  • "Clones"
  • Número 05 - 25 de mayo de 2016
Gonzalo Osés
  • Gonzalo Osés

Durante años el plagio ha sido el gran enemigo de los equipos creativos, de los diseñadores, de las empresas innovadoras. Hasta el extremo de que se convirtió en un tema tabú: que no tuvieras la mala suerte de que te plagiaran, pobre de ti, porque no solo te iba a perjudicar, porque te han robado tus geniales ideas, sino porque el resto de estudios de diseño te empezarían a dar palmaditas de ánimo como diciendo “venga chaval, que más se perdió en la guerra".

Recuerdo mi época de estudiante de Diseño Industrial y cómo protegía mis primeras ideas de la tesis, cual Golum protegiendo mi tesoro… El caso tuvo chicha: resultó que una compañera de clase planteó algo muy parecido unos días después de que yo lo hiciera. Lo tremendo fue cuando me enteré y el profesor, con bastante menos ego que el que suscribe y más experiencia, dijo: “aunque la base sea parecida, los resultados serán distintos”. ¡Menudo cabreó me pillé! Mi proyecto, mi anillo, ¡mi tesoro! Así que, pasé de competir con mi amiga y empecé un proyecto nuevo. Pasada casi una década, pido disculpas al profe y a mi amiga. Menuda pataleta…

rolex falso

Los años como organizador de la feria de vanguardia del hábitat Casa Pasarela en IFEMA tampoco ayudaron, hasta teníamos que poner en pasillos distintos a dos marcas de unos hermanos que no se hablaban entre ellos, y que se acusaban mutuamente de plagio de sus colecciones entre los corrillos de gruppies… Si no fuera porque eran dos marcas líderes de un sector del mercado…

El no va más llegó en los años de plenitud del Fuori Salone de Milán, con toda la ciudad abarrotada de pretendencias que, a base de encontrártelas en los megapabellones, en el Satélite, en Tortona y más tarde en Lambrate, te ibas con la idea de que aquello apuntaba a tendencia. La cual podías seguir viendo un par de años después en otros sectores del diseño.

Y ¿qué es antes, el huevo o la gallina? ¿El creador de la tendencia como la casa Pantone, que se lo chiva a las agencias y luego va bajando la buena nueva cual río desmontándose por los riscos hasta llegar a los grandes estudios para acabar en el Mare Nostrum del mercado…?

Cinco párrafos y sin hablar de la poli, porque en esta fiesta a la oficina de patentes y marcas ni se la ve ni se la espera. ¿De qué te sirve gastar una pasta para registrar algo en la Unión Europea, si luego te lo copian en Asia e inundan tu mercado con esos productos…? Quien lea esto, por supuesto, tiene derecho a réplica en mi próximo artículo, siempre que tú, lector o lectora, quieras.

Quizás sí sea útil en el caso de que estés desarrollando la idea de una aplicación, si decides registrarla en Estados Unidos. En este caso, si alguien hace algo que se asemeje, lanzas a los abogados a su cartera. Porque la OAMI (Oficina de Armonización del Mercado Interior) ya le dijo nones a los toros rojos sobre alas de vacas rosas de Pinkcow.

El culmen de la queja ante el plagio es el magnífico almanaque temático Cocos, Copias y Coincidencias, en defensa de la innovación en el diseño (Electa 2003), de los venerados Juli Capella y Ramón Úbeda, con colaboraciones de genios como Philippe Starck y muchos otros referentes del diseño del siglo pasado.

Lo bueno de la crisis y del cambio de la era tecno-económica es la necesidad de cambiar el chip, pasar del “es que…” al “hay que…”. Es cierto que la nueva era tecnológica, a la par que ha derrumbado barreras sectoriales, está provocando la destrucción de millones de puestos de trabajo, tendiendo a colapsar el concepto de clase media, pero a su vez, si nos fijamos en la música como primer mercado tradicional que reventó en mil pedazos, vemos que ahora los músicos no viven de la venta de sus canciones, sino de los conciertos y del merchandising que hay alrededor.

No tiene ningún sentido lloriquear en contubernio con las asociaciones gremiales por el daño que le hace el plagio al bolsillo propio, a la cultura, a la economía, a la vida. Sinceramente, es una de las mayores pérdidas de tiempo a las que se puede dedicar una persona y sería un crimen que lo hiciera un creativo, desperdiciando su talento, es decir, el tuyo, porque si estás leyendo esta revista, es porque destilas talento.

Estar en contra del plagio es antinatural, ¿cómo aprendemos de pequeños? Por imitación, sí, de nuestros padres o de nuestro entorno; vamos, que les plagiamos el comportamiento y bien contentos que se ponen cuando te ven no hacerte pis en la cama o levantar la tapa. ¿Esperas una demanda de tu padre por plagiarle esos gestos tan tuyos? Si eres madre, ¿vas a denunciar a tus hijos por imitar las conductas que aprenden en el cole?

Y todavía más: de momento, somos seres sociales y necesitamos la aceptación social o el sentimiento del grupo y ¿cómo se logra? Pues copiando actitudes. ¿Quién no empezó a beber o a fumar por sentirse parte del grupo de colegas? O por imitación de lo que veáis que se hacía en aquel entorno: allá donde fueres, haz lo que vieres.

Ese comportamiento natural de plagio, o mejor dicho, copia, llega a su máxima extensión en la edad adulta, donde plagiamos un alto porcentaje, por muy creativos, talentosos y disruptivos que nos creamos. Nuestra propia imagen es una plagio de una tendencia sectorial como aquella que dice que los diseñadores visten de negro; o cuántos creativos llevamos barba o llevan manteles de cuadros con botones en el pecho… Vale que seamos únicos, de momento, hasta que se resuelvan los problemas morales de la clonación de personas: con las vacas en China no hay problema y se van a clonar a millón por año, ¿qué pensarán en la India?

El mantra del emprendimiento (premontar una empresa) es “crea pronto y lánzalo rápido al mercado”, que hay otras cien personas en el mundo pensando en algo muy parecido.

Otra cosa buena, como diseñador que presupongo que llevas en tu fuero interno, es que la metodología básica de proyecto es el mantra de trabajo para los de la empresa, la marca, aquel cliente con el que te llevabas a leches hace unos años y que ahora resulta que plagia el abecé del diseño como si fuera maná. ¿Qué están haciendo muchos estudiantes de diseño? ¿Los denuncian? No, les enseñan a diseñar sus estrategias, sus procesos orientados al cliente…

Recojo el testimonio de Javier Mariscal en el libro Cocos, copias y coincidencias: “Todos copiamos, gracias a dios. Yo revindico copiar en general, porque vengo del cómic, y ahí la única escuela que existe es la de aprender de los demás, de lo que ya se ha hecho, fijándote mucho, diseccionando cada dibujo. He copiado a Calder a Miró, y a muchos otros de forma evidentísima, sin ningún problema, con referencias descaradas que después no me importa explicar. A veces se dice que se hace un homenaje a tal o cual artista, pero yo no sé si hago exactamente un homenaje o sencillamente una apropiación lícita, casi siempre desde la admiración, de elementos de nuestra cultura que me sirven, eso sí, para evolucionar”.

iphone

Otro diseñador que se desmarca de la apología del plagio fue Alessandro Mendini, el cual no se cortaba cuando argumentaba: “yo invento y a la vez copio, porque en el panteísmo de la enorme vía láctea de los productos todo lo que puedo pensar ya existe: lo importante es que sea original mi manera de falsificar”.

Además, hay que diferenciar entre inventar e innovar. Para lo segundo, lo quieras o no, hay que plagiar un poquillo. Llámalo “inspiración”, pero si das con la tecla y creas un sector nuevo o reinventas uno anterior, facilitando las cosas a la sociedad, como hizo Apple con el iPad hace seis años, que va camino de jubilar a las tabletas Cintiq con el stylus pro… ¿Plagió Apple un producto de HP? Puede que sí, pero también le dotó de una nueva forma de uso; puede que no inventara nada, pero sí estamos de acuerdo en que innovó mucho. Bien es cierto que los de la manzana y Samsung se han estado demandando durante un lustro por todo y mientras ellos se demandaban, otros se inspiraban en los litigantes para crear Xiaomi hasta convertirse en la marca más vendida en el primer trimestre del 2015 en China.

Como consultor estratégico y traductor de innovación, puede chocar este planteamiento pero, sinceramente, si te copian, siéntete orgulloso de ello y si es por miles o millones, mejor. Felicidades, habrás ayudado a mejorar la sociedad. Vale que tú no te habrás forrado… aunque ¿seguro que no pillaste cacho en tu momento? ¿Acaso las principales marcas de moda se plantean denunciar a las fábricas asiáticas donde, tras producir lo suyo, sacan otra colección inspirada en la primera? Si es más fácil sacar una nueva colección cada mes, no les das tiempo a copiar la tendencia. Casi seguro que hay más imitaciones de bolsos de Louis Vuitton que originales pero… ¡Ay de ellos como mañana dejen de copiarlos y desaparezcan de los mercadillos! Ese día su reinado habrá acabado.

 

Por tanto, si eres creativo, gestiona tu ego y dile que la plenitud no llega porque te den un premio guay, sino por la necesidad imperiosa de millones de personas de ser partícipes de la experiencia que tu creatividad propone. ¿Cuántos premios le dieron a Steve Jobs? Uno, el reconocimiento del mercado, de sus clientes y competidores.

Ahora, con el trimestre cerrado, destina parte del presupuesto del estudio reservado para futuras demandas a ampliar el presupuesto de innovación, o a invitar a los compañeros a un hackathon creativo.

En definitiva, si te plagian algunas de tus creaciones, siéntete afortunado. Será el reconocimiento del mercado a lo innovador que eres.

Autor: Gonzalo Osés

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