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06 Del rotondismo al palletismo 2. Hacia un mundo vintage…

  • Abre el Ojo
  • "Indisciplinados"
  • Número 04 - 16 de marzo de 2016
Pedro Medina y Javier Maseda
  • Pedro Medina y Javier Maseda

Hace tiempo que la función principal de los pallets dejó de ser el transporte de objetos, inundando nuestro mundo por doquier. Si no lo creéis, mirad alrededor, ¿quién no ha visto muebles hechos con pallets?, ¿o se los ha encontrado en una exposición o stand como soporte principal? Pero más allá de cuestiones inmediatas, conviene preguntarse por las razones y las modas tras esta tendencia. A ello nos entregamos con más perplejidad que curiosidad.

1 Un poco más de rotondismo

En el número anterior nos quedamos hablando del “palletismo” o propensión a resolver cualquier problema de interiorismo con pallets. Pero vistos los comentarios recibidos, merece la pena volver por un momento al origen de esta serie para mostrar algunos ejemplos más de rotondismo, es decir, el faraonismo cutre y de mal gusto que campa a sus anchas por la geografía española decorando sus rotondas. Gracias a la colaboración de nuestros lectores, hemos podido comprobar cómo el rotondismo ha llegado mucho más allá de lo que nuestra imaginación podía ni siquiera sospechar, hallando otras “maravillas” erigidas allende las fronteras de España.

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Parece increíble que el “ingenio” humano llegue a crear una rotonda en Shanghái en la que quepa todo un universo, a poner una rotonda-bifurcación en medio de un puente en Uruguay, o a comprobar la cantidad de rotondas que se concentran en ciudades como Madrid o Milán gracias a Mapbox. En fin…sobran los comentarios.

Mientras tanto, Nación Rotonda ha seguido exhibiendo más casos… e incluso ha liberado su libro, ofreciéndolo ahora al precio que el lector decida. ¿Esta tendencia tiene fondo? Esperemos que la cordura vuelva a nuestras carreteras.

Sevilla Sur en Nación Rotonda

2 Palletismo

Pero ahora volvamos a los pallets. Hay quien piensa que es una moda vinculada a la sostenibilidad medioambiental y, efectivamente, muchos de los pallets son reciclados. Sin embargo, basta ir a muchas de las exposiciones alternativas, concienciadas, cool o vintage para darnos cuenta de que buena parte de estos pallets son nuevos o hechos específicamente para ese evento.

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¿Cuál puede ser la explicación de la invasión pallet? ¿Por qué los encontramos en tantos sitios desde una tienda de comercio justo a un restaurante de moda? Nosotros mismos no nos ponemos de acuerdo sobre las causas, ya que es cierto que para una exposición de corte ético parece que un contexto lujoso no resulta el más idóneo, pero cabe preguntarse si la solución es llenarlo todo de pallets o de piezas de cartón; otra tendencia paralela a estudiar, aunque probablemente con mismos orígenes. ¿No hay otra posibilidad para proyectar nuestras “buenas intenciones”?

3 ¿El palletismo como búsqueda de autenticidad?

 

Una posible explicación podemos encontrarla en una exposición que hace tiempo argumentaba que acudía a la “pobreza” de medios de expresión como garantía de autenticidad. Se trataba de Lo que las imágenes quieren, vídeo desde Hispanoamérica, comisariada por Rodolfo Kronfle en la Fundación ICO. En la misma el comisario declaraba que había elegido obras que potencian “la precariedad o sencillez de elementos y métodos de producción para lograr resultados profundamente afectantes”.

La opción por la precariedad formal marca un a priori que pretende identificar una manera de narrar no fastuosa con una condición más auténtica. Esto nos situaría en principio en el interior de una corriente que sentiría hoy día una gran dicotomía entre espectáculo y memoria, artificiosidad formal y preocupaciones identitarias, que se halla, por ejemplo, en el centro de géneros como el documental, tendiendo a privilegiar un extremo u otro.

Entendido así, el espectáculo se suele identificar con lo vacío y efectista, mientras que su contrario, haría prevalecer un mensaje social. Esta parecería la posición de esta muestra y de muchos seguidores del palletismo, sin embargo, tanto en esta exposición como en muchas propuestas realizadas con pallets no es siempre el contenido social o crítico el que predomina, siendo en realidad un recurso más bien estetizante y “de moda”.

Prueba de ello es la presencia de pallets en muchos eventos de alto standing o la reciente performance del artista Emilio Rojas en la última edición de ARCO, donde se mostraba desnudo en medio de pallets en la galería José de la Fuente. ¿Autenticidad, crítica, compromiso? Fácil provocación a partir de la ecuación nudismo + palletismo.

 

Sin duda, el medio elegido determina la percepción del mensaje, pero esto no es garantía de ninguna autenticidad, ya que es el uso del medio lo que verdaderamente determina lo que al final percibe el espectador. En definitiva, deberíamos preguntarnos si esta opción por la precariedad es la verdadera contrapartida de la espectacularización de la cultura. Quizás lo único que queda es un recurso que, efectivamente, conecta con lo social de forma inmediata, aunque sabiendo que la pobreza de medios no es garantía de autenticidad, sino solamente de pobreza de expresión.

 

4 Lo vintage

 

Por otro lado, desde hace unos años, con la llegada de la crisis, no solo económica, sino también estética y de ideas, hemos visto crecer un fenómeno insólito: la búsqueda de la innovación y la modernidad en lo antiguo, también llamado “vintage".

Vinculado a este fenómeno ha crecido la cultura hipster. ¿Y qué es un hipster?, pues básicamente un moderno que viste como su abuelo. Menos la barba de leñador fashion, lo demás podría haberlo sacado del baúl de sus ancestros: gorro de lana, camisa retro abrochada hasta arriba, pantalones más cortos de lo habitual… Vamos, que hace tiempo a alguien que iba así vestido lo mínimo que le llamaban era “paleto”.

¿La tradición está a la última? Quizás la conclusión sea más desoladora: el eterno personaje de Muchachada Nui, “El Gañán”, ahora es un hipster en toda regla, aunque grite un poco menos y permanezca menos tiempo “al fresco”.

Además, no solamente retrocedemos en tiempos y modas, demostrando el eterno retorno de lo mismo, sino que toda esta tendencia parece regirse bajo un mandato presente también en el apartado anterior: el diseño “a lo pobre”, donde la correspondencia no es entre éticas y estéticas, sino que más bien tiene que ver con la pose y el alternativismo puro y duro.

5 El imperio de lo mismo

Este es un fenómeno que se puede comprobar perfectamente, por ejemplo, en el madrileño barrio de Malasaña, donde desde hace unos años se están abriendo multitud de restaurantes que siguen la máxima de bueno, bonito y barato, pero que más bien son cutre, bonito y barato, es decir, la comida es bastante mala, los camareros peores, y barato, la verdad, solo lo parece: haga un simple cálculo entre cantidad, calidad y precio.

Pero lo que realmente nos sorprende es su estética, ¡son todos iguales!, cumpliendo idénticamente con una estética pobre: todas las sillas y las mesas son distintas, tienen pallets en las paredes y luces de estas tan antiguas que ahora son modernas. Es la estética Fast Food americana llevada al extremo, como encontramos en los Friday’s, American Ribs, Peggy Sue, etc., por tanto, cadenas distintas, pero que se parecen todas entre sí.

Es el imperio de lo mismo, ¿del “no-lugar” del que habló Marc Augé? Quizás sí, los sitios pierden su identidad en favor de lugares clónicos, languideciendo en su complacencia, mientras todos estos esperpentos comparten algo: una vida “moderna” de palletismo dominador, ignorancia estética, follow the leader, hacer todo el mundo lo mismo y vestir de la misma forma para ser diferentes, mirar atrás en vez de avanzar e innovar, optando por el conformismo en vez de la revolución, siendo en realidad reaccionarios en vez de progresistas.

En efecto, no es difícil percibir la contradicción implícita en esta tendencia, que va más allá de las paradojas típicas de las tribus que quieren diferenciarse a través del uniforme que acólitamente endosan todos los miembros de la comunidad. Este movimiento, que basa su principio en que para ser moderno hay que ser vintage, no puede más que generar no pocas perplejidades; y esperemos también que alguna reflexión sobre lo que quiere decir “personalidad”.

 

6 Clasismos

Y lo peor de todo ello es que el hipterismo más que una moda, es un modo de ser que se muestra como supuesta superioridad, es decir, nos conduce a un nuevo tipo de clasismo. ¿En qué se basa ese sentimiento de clase privilegiada por parte de los “modernos”?

Víctor Lenore avisa en Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural de la llegada de nuevos “modernos” elitistas, hiperconsumistas e individualistas; y no solo se refiere a los hipsters, como evidencia el título. De lo que hablamos es, en suma, de una hegemonía cultural, que va desde la decoración “palleta” al predominio de la música indie allá donde vayamos.

Se habla de un dominio en las formas y los modos de comportarnos, algo que siempre ha existido, aunque ahora tiene lugar en un mundo donde el consumo de la cultura ha cambiado significativamente: queremos consumir de forma personalizada, aunque también somos cada vez más presa de productos mainstream y de un marketing que hace de la contracultura un discurso únicamente comercial.

Y en el tema concreto que nos atañe, hay que indicar que “los hipsters proponen una rebelión que no se enfrenta nunca con el sistema, sino que desprecia a la gente que no le da la importancia suficiente a consumir (…) Lo que buscan los hipsters es un consumismo que provoque orgullo en vez de remordimiento”. Además, no basta con compartir su supuesto buen gusto, "el moderno puede mirarte desde arriba incluso si escuchas la misma música pero no la has comprado con los rituales y distintivos correctos".

Por otro lado, Lenore afirma que “durante demasiado tiempo, los que aspirábamos a la modernidad convertimos nuestros gustos en la parte central de nuestra identidad”. Se podría decir incluso que no se optaba por un pensamiento propio, sino por la identificación con otros que nos llegaban de lejos. Esta propensión, además, destierra la política, entregándonos a un universo hedonista del que los hipsters no son más que la última y más destacada expresión.

Como comenta Lenore, nos hallamos ante formas de diferenciarnos de la masa, porque nos sentimos especiales. Es por ello que “a Alaska le espanta el igualitarismo de Podemos, porque ella es parte de una cultura elitista, capitalista y mitómana”. Pero al final, conviene no caer en la simple crítica, reconociendo que el mundo de las tribus urbanas sigue existiendo, pero que tire la primera piedra quien esté libre de culpa. ¿Qué persona que pertenezca al mundo de la creatividad no tiene algo de moderno? Sí, tú, que también miras a los hipsters por encima del hombro, seguro que conservas una colección de vinilos o de cómics tremenda, por no hablar de cultura alternativa, porque los rancios siempre son otros, los modernos también, y todos somos muy originales…

 

7 Conclusiones desde una modernidad desquiciada

 

Voy a gentrificar tu barrio - Starter Pack

En general, estos son los modos de nuestra “modernidad líquida” –que diría Zygmunt Bauman– donde las tribus son más rígidas que los teoremas científicos, donde ya no hay metodologías universales y donde los resultados no pueden ser más que provisionales. En definitiva, es un mundo donde el principio de realidad está ahora llamado a defenderse en un tribunal presidido por el principio del placer, donde los gustos y las modas se reciclan continuamente, donde la salud se vuelve fitness y donde la máxima expresión de autonomía es el zapping, al tiempo que experimentamos cómo se impone dentro del frenesí diario el temor al estancamiento, una vez que se es consciente de que impera la velocidad, la aceleración y la novedad. Todo es “líquido”, inconsistente, evanescente, no hay tiempo ya para que unas condiciones de vida y de acción lleguen a convertirse en costumbre, siendo la esclavitud a la neomanía el signo de nuestro tiempo.

En definitiva, es igual si hablamos de gafapastismo o foodismo, pasando por biologismos varios y no pocos procesos de gentrificación. Vivimos en un no parar de falta de personalidad y creación de nichos de mercado. Eso sí, mientras tanto, las convenciones se relajan, el Congreso de los diputados se llena de otras variables más allá de la moral de chaqueta y corbata, y quizás nos demos cuenta de que la felicidad se puede encontrar en la variedad.

La salvación ya no está en la tribu. Menos mal, porque no nos vemos ahora buscando un lomboard, una bicicleta retro, un tatuaje en el cuello, ni robándole la ropa a nuestro abuelo, pero también habrá que aceptar que el “alternativismo” no existe. Al final, seremos clasificados de alguna forma o aterrizaremos en un lado u otro. Esperemos hacerlo al menos con clase.

 

8 Referencias

Primera galería de imágenes:
- Rotonda en Shanghái.
- Puente en el Lago Garzón, Uruguay, (portada)
- Sevilla Sur en Nación Rotonda
- Mapbox.com

Segunda galería de imágenes:
- Fourks: The Rotunda of Revelries, Londres. Fuente: Architizer.com
- Hassell Pty Ltd: Urban Coffee Farm y Brew Bar, Melbourne. Fuente: Architizer.com
- Portland State University School of Architecture: Diversion Design/Build, Happy Valley (Ore.). Fuente: Architizer.com
- Sergio Ramírez, Timothy Leung y Brandin Roat: Burning Man 2009 - Tower Babel, Desierto de Black Rock (Nev.). Fuente: Architizer.com

Tercera galería de imágenes:
- Emilio Rojas en ARCO. Fuente: EUROPA PRESS
- Actos de San Sebastián Capital de la Cultura Europea 2016

Cuarta galería de imágenes:
- Tanner Greenring: The 24 Most Hipster Things That Have Ever Happened. Fuente: BuzzFeed
- 16 hipsters a los que se le ha ido de las manos. Fuente: finofilipino.org

 

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