XIV Bienal de Arquitectura de Venecia (II)

Una vez que hemos visto las premisas de partida propuestas por Rem Koolhaas, analizaremos el resultado para hacer balance de la Bienal de 2014.

Una vez que hemos visto las premisas de partida propuestas por Rem Koolhaas, analizaremos el resultado para hacer balance de la Bienal de 2014.

[Viene de XIV Bienal de Arquitectura de Venecia (I)]

¿Qué es lo que más comentaban los medios? Un dato que sí que marca claras diferencias con años anteriores y que demuestra no poca valentía: su apuesta por una bienal en la que no se ha sucumbido a los archistarsChipperfield también lo sugirió, pero cayó de nuevo en esta costumbre–, convirtiéndose Koolhaas en un antistar, que, viendo reacciones como la de Eisenman, parece que ha puesto nerviosas a muchos de los protagonistas de años atrás, como si declarase el final de un período. En realidad, esta posición clara y arriesgada es coherente con su trayectoria, desde que acusó a los arquitectos de sufrir delirio de omnipotencia o ácida frustración. Sin embargo, todas estas figuras de las últimas décadas no están muertas, aunque la arquitectura espectáculo parezca retirarse de Europa; siguen construyendo de Dubai a China, entre otros muchos lugares; además, no es cierto que la Bienal esté exenta de estrellas, Koolhaas es una de ellas.

Podríamos intentar adivinar sus verdaderas motivaciones, pero bien sea por desterrar los grandes nombres para hablar de arquitectura o para evitarse problemas con otros compañeros de profesión y sus egos, esta bienal finalmente destierra a la mayoría de las vacas sagradas, aunque ha aprovechado la ocasión para ciertos homenajes, contando con los archivos de Friedrich Mielke (93 años), autor de 28 libros dedicados a los escalones; o Tim Nugent y Claude Parent, que a sus 91 años lo saben todo sobre rampas. Estos son los únicos nombres propios de Elements, aunque el Pabellón Central viene prologado por una pieza que servía de enlace entre el pabellón y la propuesta planteada a los pabellones nacionales: la Maison Dom-ino de Le Corbusier (ese armazón en cemento que fijó las reglas de la construcción moderna en 1914), aunque ahora reconstruida en madera, permaneciendo con un gran lazo rojo alrededor durante varios días de la vernissage, esperando a que Koolhaas la inaugurara.

 

En Delirious New York criticaba la ciudad para tres millones de habitantes de Le Corbusier como un proyecto que desvinculaba el contenido arquitectónico de la realidad social, destinando esa ciudad a ser un monstruo financiero. Quién sabe si un fondo parecido puede acabar condenando a muchos de los arquitectos que se creían fuera de esta dinámica. Quizás por ese temor, Koolhaas rodea sus elementos de historias sociopolíticas, algunas hondas, como la del pasillo, y otras más irónicas, como la de la toilet; de hecho, esos momentos irónicos tan presentes en la crítica activada en ocasiones anteriores por Koolhaas y, sobre todo, en sus publicaciones, aquí aparecen, pero como pequeños gestos, en ningún caso como el espíritu central, pasando en muchos casos realmente desapercibidos para la mirada rápida del típico espectador de bienal.

Por tanto, cabe preguntarse ¿hay refundación teórica en esta propuesta, que es la más cerrada y coherente narrativamente hablando? Hay discurso, que no es poco viendo otras bienales, pero estos Elements resultan ser principalmente un formalismo que adolece de ese academicismo que pretende suspender el tiempo, terminando por ser un lujoso catálogo de formas y materiales, que tenía encantados a los arquitectos, pero de los que es difícil extraer una gran fuerza teórica o propositiva, que sería lo que necesitaría una etapa de refundación. Queda pues un muestrario de formas básicas para el gran mercado de la arquitectura, algo que sarcásticamente ha tratado el premiado pabellón de Rusia, Fair Enough, disparatada feria de la construcción con los vanguardistas rusos convertidos en marcas.

 

¿Y qué ocurre con la propuesta del Arsenale? Lo primero que llama la atención es la omnipresencia del cine, también un elemento cardinal para ver arquitectura en la sala principal del Pabellón Central. En el Arsenale 82 películas italianas son mostradas a lo largo de las antiguas cordelerías como un espacio paralelo, más que verdadera instalación dialogante, tras la gran tela translúcida estampada con la Tabula Peutingriana de la Italia imperial del siglo V. Esta presencia más que notable del cine sirve para crear la experiencia de un legado italiano por medio del gran arte masivo del siglo XX, que se une a las otras artes performativas tratadas por la institución Bienal de Venecia, convirtiéndose esta exposición en una especie de metabienal, o más bien en un escaparate de la institución para reivindicar una identidad italiana.

Esto extraña a muchos visitantes, ya que son dos propuestas totalmente diferentes, no viéndose más continuidad que la idea de ser un “fundamento”, una de la arquitectura y otra de la “italianidad”; si bien en esta segunda podíamos hallar varios momentos emocionantes, como las piezas de coreógrafos como Virgilio Sieni y más figuras que dejaban un buen sabor de boca, aunque no eliminaban cierta extrañeidad en el contexto de una bienal de arquitectura.

 

No obstante lo heterogéneo de las propuestas y la pérdida de protagonismo de la arquitectura, es aquí donde se vislumbran más proyectos cercanos a esa estética de lo real, volcada hacia una función social de creación, propia del Koolhaas que tanto ha fascinado en el pasado, y donde cada proyecto era un laboratorio donde la modernidad era reafirmada como un material y donde la arquitectura aparecía como una nueva sensibilidad crítica, concibiéndose como un espacio de pensamiento que conduce a nuevas propuestas formales y sociales.

Entre las 41 microhistorias, Italia aparecía frente a sus momentos de constitución actuales, incluidos los arquitectónicos más embarazosos, como el progresivo derrumbe de Pompeya o las instalaciones de la isla de la Magdalena, además de tratar los límites de su nación y la emigración, os espacios de ocio y algunas otras realidades. Ahí sí parece asomar esa voluntad social, aunque no va más allá de la mera exposición que, sin embargo, supone una mirada crítica, leve y poco profunda, pero al menos presente.

Entre estas historias, sobresalen proyectos sobre las fronteras móviles de Italia (por el deshielo de los glaciares alpinos) en el premiado Italian limes, los que abordan la cultura de las discotecas adriáticas (donde sí parece volver ese Koolhaas más social e irónico, aunque quedan como fogonazos), la utopía fallida de Zingonia o la investigación del español Andrés Jaque sobre los medios de comunicación y su trascendencia política y física, merecedora del León de Plata. Sin olvidar una recreación revisionista, pero muy bien planteada, en Radical Pedagogies: Action-reaction-interaction, gran friso con los experimentos pedagógicos fundamentales a la hora de construir un debate sobre las prácticas arquitectónicas en la segunda mitad del siglo XX.

 

En definitiva, Monditalia es una mirada fragmentaria de la península itálica, vistosa, entretenida y con algunos meritorios momentos de lucidez, aunque aparecen dispersos sin construir un relato unitario más allá de la coincidencia nacional. La propuesta de Koolhaas para esta bienal, dentro del discurso expositivo que dependía directamente de él, queda pues como proyecto bipolar, donde parece querer contentar a los arquitectos en el Pabellón Central, y a los italianos en el Arsenale, pero que en conjunto no parece anunciar o tomar partido por ningún posicionamiento o interpretación o, al menos, provocación consustancial y actual.

Veamos en la última parte de este resumen si se puede decir lo mismo de la propuesta para los pabellones nacionales, a priori la más interesante teóricamente al ofrecer una mirada plural a la asunción nacional del Movimiento Moderno en arquitectura, sus intenciones y traducciones en cada contexto nacional. Sin olvidar el resto de actividades presentes en Venecia durante la vernissage de la Bienal.

[Continúa en XIV Bienal de Arquitectura de Venecia (III)]

Imágenes: Pedro Medina y Bienal de Venecia. Cortesía: Bienal de Venecia

 

Suscríbete al Newsletter

Demuestra que no eres un robot.

Responsable: Istituto Europeo Di Design, S.L. B-80813959

Finalidad: La información recopilada en el sitio web únicamente será utilizada para las siguientes finalidades:

Tipo de información que recopilamos (Legitimación):

Consentimiento expreso, o contrato. Recopilaremos los datos que se indican en el formulario, dicha información es necesaria para realizar las finalidades que se describen en el anterior apartado.

Destinatarios de tus datos:

Te informamos que a tu información accede el Istituto Europeo di Design, S.L. y las entidades del Grupo IED.

Derechos:

Tienes derecho a acceder, rectificar, cancelar y a oponerse a aquellos tratamientos que no desees, comunicándolo a: baja@madrid.ied.es, o cancelando tu suscripción desde los newsletters del IED

Si necesitas más información puedes consultarla aquí