Orígenes: Las Manuelas

Un nuevo fragmento perteneciente a Cuadernos de Diseño 4, ahora un caso práctico que nos permite entender la importancia del proceso en diseño. Álex Carrasco cuenta el proyecto Las Manuelas, una iniciativa de ayuda al desarrollo, en la que, tras la revalorización de la artesanía y sus posibilidades de comunicación y comercialización, nace una enseñanza ética. Son los valores de nuestra sociedad lo que está en juego y la continuidad de un proyecto cuyas etapas posteriores han sido la exposición en el IED Madrid y la actual colaboración con Steve Mono.

Localizar a Isabel Berz (Directora de IED Moda Lab Madrid) nunca ha sido demasiado complicado. A veces, si el agua está revuelta o si hay muchos pescadores, tan solo hay que poner un buen cebo en el “asunto” del email para que Isabel acabe picando. Pero esta vez ni siquiera mis intrincados y misteriosos asuntos conseguían captar su atención y su móvil no daba por respuesta más que un robótico "apagado o fuera de cobertura". Pensé que debía estar en alguna de las consabidas capitales de la moda, a las que suele viajar con cierta regularidad (no en vano es allí donde se encuentran las mayores firmas del sector y donde desean triunfar muchos de sus alumnos). Pero ni en París ni en Milán ni en Londres ni en Nueva York estaba ni se la esperaba; por no decir que en estas metrópolis la comunicación no solo no se detiene, sino que se multiplica. Entonces, ¿dónde estaba Isabel?

Tras varios días de espera, un breve correo electrónico me advierte de su regreso de la región de Puno, una de las más remotas y olvidadas de Perú, de donde llegaba “con un proyecto realmente emocionante, sencillo pero muy ambicioso”. Me hablaba también de aldeas donde los colchones se hacen con ramas y las duchas siguen siendo barreños de agua helada. Poblaciones olvidadas sin cobertura, sin luz eléctrica, sin agua corriente, sin carreteras, sin alcantarillado… pero, oh sorpresa, con moda. “He convivido con comunidades de mujeres dedicadas a producir la mejor alpaca que he sentido nunca”, proseguía, dejando relegadas a meras anécdotas las condiciones de un viaje tan singular dentro del programa formativo de una escuela de diseño. El email terminaba con una propuesta: “no creo que este proyecto se pueda realizar sin una estrategia concreta de comunicación que se inicie desde la raíz”. Esta vez, claro, fui yo quien mordió el anzuelo.

Hoy más que nunca debemos escuchar a todas aquellas personas capaces de iniciar un cambio decisivo, tanto si sucede en nuestro entorno más cercano como si acontece a miles de kilómetros de distancia: todos los días vemos casos donde una propuesta individual, aparentemente insignificante en su apariencia pero poderosa en su fondo, puede transformar la forma de pensar y actuar de las personas, movilizarlas e incluso desembocar en toda una revolución. Pero si la insurrección parece haberse instalado en las calles de medio mundo, en las aulas debería seguir imperando la reflexión. Las Manuelas no será el germen de un efecto mariposa de consecuencias impredecibles, más bien es un grano de arena que creímos único y aislado en la inmensidad de la utopía. De una forma más suave y silenciosa, la suma de muchos de esos pequeños gestos en su apariencia, aunque decididos, honestos y comprometidos en su esencia, pueden igualmente transformarnos. Así fue como, según avanzaba el proyecto, entendimos que no estábamos solos (ni locos, de paso). El ciberespacio nos conectó con otras acciones que caminan en paralelo al movimiento que habíamos iniciado: Las Manuelas forma parte de una nueva corriente en el mundo de la moda donde los valores de frivolidad, ostentación y mera sofisticación (pan nuestro de cada día) son desterrados en favor de una moda con ética y conciencia.

Por eso, aunque el nuevo mantra en marketing y comunicación es la palabra “sinergia”, yo prefiero apostar por la unión. Entendida como un tipo de alianza que huye de los márgenes de la eventualidad y la más pura mercadotecnia, la unión supone compromiso y confianza. La confluencia que dio vida al proyecto de Las Manuelas, a priori y en otro contexto, podría resultar cuanto menos curiosa. El triángulo formado por el departamento de moda del IED de Madrid, el movimiento feminista Manuela Ramos y la ONG Economistas Sin Fronteras creó un germen que ha unido concepto y reflexión sobre el diseño actual, compromiso con la cooperación y conciencia por un desarrollo sostenible respectivamente para lanzar una idea de cambio conjunta.

Por suerte, si las características del contexto influyen decisivamente en la magnitud que estas acciones pueden adquirir, ahora la comunicación ya no es un problema: Internet ha roto todas sus leyes y fronteras, permitiendo expresar libremente nuestras propuestas de futuro; también entrar en contacto con personas, empresas u organizaciones que las comparten, por lejos que se encuentren. Tan solo en lugares como Puno, esa región fronteriza de temperaturas extremas de donde procedía Isabel y en la que aún permanecían IreneAlonso, Rosa Rubio y Carmen Delgado (elgrupo de intrépidas alumnas del IED), no es la Red sino un animal el centro de su modo de vida: las alpacas. De ellas se obtiene una de las fibras naturales más cotizadas y exclusivas del mundo, demandada por las grandes firmas de moda. ¿Cuántos jerséis de este material no encontraremos a precios desorbitados en las estanterías de las más conocidas empresas de lujo, donde el fervor por la marca ha relegado al olvido a las mujeres que crían, alimentan, esquilan, hilan, tiñen y tejen las prendas que luego adornarán los guardarropas más privilegiados? Habría sido tan fácil ir a buscar esta exquisita materia prima a los confines del mundo para traerla y adaptarla a las necesidades de Occidente olvidándonos de quienes las crearon.

En moda, como ahora sucede en otros ámbitos (sea político, cultural, social o económico), muchas de las mejores propuestas no han surgido de sus líderes ni gobernantes. Por lo que no podemos pedirles a los todopoderosos holdings del lujo, quienes propician el olvido de su propio legado, que recuerden a las personas anónimas que hacen posible su sentido de la opulencia: no busques a Yves, Hedi Slimane, Director Creativo de Saint Laurent, ha decidido que el nombre del maestro sobraba para “recuperar la frescura inicial de la firma y así acercarse al público más joven”. ¿Sabrán esos jóvenes en unos años quiénes eran Yves (Saint Laurent), Pierre (Balmain), Christian (Dior), Jeanne (Lanvin) o Cristóbal (Balenciaga), todos ellos mutilados de su nombre? Surgidos al calor del boom económico de los 90, estos monstruos insaciables no solo han engullido a los grandes mitos de la moda del siglo XX, también a casi todos los creadores independientes, rebeldes o contestatarios que plantaron cara al sistema en aquella época. Tal es el caso de Martin Margiela, Helmut Lang, Alexander McQueen, Yamamoto… Parece que la fórmula de la comunicación contemporánea y futura en moda está basada en una mera reducción de los principios básicos que sostienen nuestra herencia para conectarnos –supuestamente– más ligeros de peso con el presente. Por ahora parece que, aunque siguen restando pasado para sumarse a la actualidad, los diseños surgidos de estos gigantes económicos, dedicados al regocijo de la pura estética y a las bajas pasiones creativas de los nuevos billonarios, obvios y comerciales en su forma y sin más pasión que el dinero, no consiguen conmover de la forma que lo hicieron los maestros que han sido privados de su nombre.

Las Manuelas, en plural, sin apellido. En femenino porque son ellas, aguerridas mujeres curtidas en aldeas perdidas de Perú, las que con sus manos obtienen de la naturaleza un tesoro único en el mundo. Liviano en su apariencia y modesto en su ejecución; aunque ambicioso y rompedor por lo elevado de sus ideales. Italo Calvino expresaba que “en los momentos en que el reino de lo humano me parece condenado a la pesadez […] he de cambiar mi enfoque, he de mirar al mundo con otra óptica, otra lógica, otros medios de conocimiento y verificación”. Eso es lo que realmente encontramos en Puno, aunque no fuese lo que andábamos buscando… Y si la comunicación no es más que la forma de diálogo establecido entre gobiernos, empresas, marcas y organizaciones con una sociedad cada vez más compleja y global, y una gran parte de la sociedad ha perdido su confianza en todos ellos por saber que su visión de futuro es errónea e incluso injusta, el gran reto actual consiste en reformular este diálogo desde parámetros diferentes, creando un nuevo lenguaje y buscando referentes en lugares inexplorados.

Aunque el concepto de Las Manuelas podría ser definido como cualquier otro vinculado con la cooperación internacional, el hervidero de ideas que se ha creado a su alrededor parece que va a revolucionarnos más aquí que en el país andino. Si el principal objetivo era la creación de una colección de ropa realizada en punto de alpaca para dar trabajo a decenas de mujeres de Puno, al afrontarlo con una visión ampliada, la percepción varió de inmediato. Isabel Berz se fue de viaje poniendo en duda que “los países desarrollados seamos los dueños del concepto diseño y que este deba asociarse únicamente a la decisión formal o estética de un producto; luego es lógico preguntarse por qué tiene que ser siempre el profesional occidental el que realice el diseño y por qué el diseño se antepone siempre a la manufactura” [declaraciones concedidas para el reportaje Se busca artesanía, publicado en el nº 63 de la revista S Moda (El País)]. En Las Manuelas partimos de la materia que generan los animales y de la precisa y minuciosa labor de las artesanas; sobre esas dos realidades se definió el diseño formal de la colección. Pero se puede ir un poco más allá, aplicando la idea de diseño a la creación de procesos, y no solo de productos. Procesos que mejoren la calidad de vida de todas las personas que interactúan con él, tanto los que lo generan y realizan como sus usuarios finales, teniendo en cuenta su impacto medioambiental y ciclo de vida, “para de esta forma garantizar proyectos que sean éticamente legítimos y viables en el contexto global que vivimos”, explicaba.

Los retos que Las Manuelas planteaban en su concepto de diseño no eran menores al trasladarlos a su comunicación. Poco nos ha importado –y menos aún lo hemos comunicado– de dónde, de qué forma y qué manos han creado el teléfono móvil desde donde llamamos, la sartén donde cocinamos o la camiseta que nos vamos a poner. Esta falta de conciencia sobre el origen de casi todo lo que nos rodea, sobre su historia y procedencia, nos ha alejado de la enorme responsabilidad que supone consumir. Ahora por fin empezamos a ver el doble filo de esta navaja, que la ropa de usar y tirar tiene como consecuencia remotas e inhumanas factorías, y que produce deshechos que la Tierra ya no es capaz de digerir. Por lo tanto, si el diseño de Las Manuelas no podía referirse tan solo al producto, tampoco lo podía hacer la comunicación. Había que remangarse, hundir las manos en la tierra y llegar hasta la raíz.

 

Si quieres seguir descubriendo el proyecto Las Manuelas, puedes seguir la lectura de este texto en Cuadernos de Diseño 4: Diseño de procesos.

 

Álex Carrasco

Durante más de 15 años ha estado volcado principalmente en su faceta de periodista y crítico de moda en cabeceras nacionales e internacionales como Marie Claire, V Magazine, Yo Dona, Neo2, S Moda, News Fashion Week, Público o El País, entre otras; labor que siempre ha compaginado su trabajo editorial con la comunicación, la consultoría estratégica para marcas y la docencia en escuelas como el Istituto Europeo di Design de Madrid o la Escuela Superior de Moda y Empresa. Miembro del comité de expertos de El Ego de Pasarela Cibeles durante años, ha participado en la dirección de eventos como Pasarela Abierta (Murcia) y South 36.32N The New Fashion Latitude. De este modo, ha obtenido una visión integral del mundo de la moda y la comunicación. Actualmente es director creativo y de comunicación en THE APARTMENT Strategic Communication, una agencia de alta gama decidida a redefinir las pautas de la comunicación contemporánea.

 

Más información en Editorial IED Madrid

 

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