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02 Futuro probable vs. Futuro posible. Proyectar y transformar a través del diseño

  • Abre el Ojo
  • "This is Tomorrow"
  • Número 09 - 6 de junio de 2017
Oscar Pozuelos Rodríguez
  • Autor: Oscar Pozuelos Rodríguez

Cuando hablamos del diseño como proceso estamos, de manera intrínseca, hablando del diseño como disciplina. En otras palabras, concebimos el diseño como una manera de pensar y de utilizar la creatividad para enfrentarnos a los problemas de nuestra cotidianidad, sean estos los que sean. Bajo esta premisa, el diseño debe de entender ese problema, el contexto en el que sucede y a los usuarios para los que se trabaja. Debe dar una solución al problema identificado que sea coherente con el contexto y las personas y congruente para todas las partes interesadas.

Son muchas variables, un proceso complejo. Aun así, el diseño nos permite proyectar soluciones que generan un futuro que más que probable, es posible. Cuando abordamos el diseño de esta manera, entenderemos que proyectar, o imaginar el futuro, es mucho más complejo de lo que podíamos llegar a pensar en un principio, y es aquí donde el proceso de pensamiento y la colaboración juegan un papel importante. Dicho de otra manera, el diseño como proceso nos permite proyectar un futuro posible a partir de situaciones existentes.

Esta vez hablaré desde la experiencia propia; desde el nosotros, ya que sin mis compañeros esto no hubiese sido posible ni realizable. Tuve la suerte de ser parte de la maestría en Design for Social Business, un proyecto conjunto entre el IED y Grameen Creative Lab, la división de I+D de Grameen Bank. Esta banca fue puesta en marcha por Muhammad Yunus (premio Nobel de la Paz 2006), quien, a través de los microcréditos, intenta incentivar los negocios sociales y así aliviar la pobreza mundialmente. Economistas, académicos y un grupo de alumnos que parecía más una representación de la ONU –Tiago Dias Miranda (Portugal, IED Barcelona), Mandy Bouchedid (Líbano, IED Barcelona), Simona Dan (Rumanía, IED Milano), Barbara Elias da Rocha (Brasil, IED Milano), Chiara Esposito (Italia, IED Torino) y yo (España, IED Madrid)- embarcamos en una aventura que tenía como objetivo analizar las maneras en las que la creatividad y el diseño podrían generar modelos de negocios sociales para la base de la pirámide.

Nuestra contraparte: dos visionarios colombianos –Diana Carolina Quintero y Jorge Alejandro García– que sabían que la salud pública en Colombia era (y sigue siendo) precaria y excluyente. Se la conoce como el paseo de la muerte ya que es muy deficiente y deja fuera a la gente que no puede pagar un seguro (todo el sistema de prestación de servicios está en manos privadas). Con esta motivación, querían transformar la manera en la que el acceso a la salud en la región cafetalera de Caldas podía impactar de una manera positiva en las comunidades de escasos recursos. Específicamente las comunidades de alrededor de la ciudad de Manizales.

Este era nuestro reto y, como buenos diseñadores, ya teníamos un cometido. Queríamos proyectar un futuro posible que pudiera transformar las vidas de comunidades enteras. Cambiar una situación existente que a todas luces era injusta. Todo proyecto de diseño empieza por ahí, con un problema que plantea un reto, y este reto parecía el elefante en la cacharrería.

Horas de investigación y discusiones. Necesitábamos entender la manera en la que funcionaba el sistema de salud colombiano. Datos, muchos datos, que nos daban una visión de lo que pasaba, aunque eso no era bastante y con las mismas cogimos el avión y a Colombia que nos fuimos. Entrevistas con doctores, visitas a clínicas, a casas de pacientes; mesas redondas y mucha pero mucha empatía. Una inmersión en el contexto que nos permitió conocerlo de primera mano y, en muchos casos, experimentar de una manera real lo que pasaba dentro del contexto. Toda una aventura y una manera de abrir los ojos. El papel puede con todo y no tiene nada que ver con la realidad. Despedidas, un entendimiento profundo y nuevos amigos.

Una vez de vuelta, comenzó la recopilación de la información. Teníamos que completarla con la investigación de escritorio, compararla con otros contextos, buscar nueva inspiración aunque fuese en una ferretería (esta fue una inspiración análoga real). Necesitábamos encontrar esas conexiones que, como diseñadores, estamos acostumbrados a hacer. Siempre de la mano de Diana y Jorge, identificar las verdaderas necesidades de la gente a la que conocimos, dar solución a sus problemas, mitigar sus miedos, mejorar su cotidianidad y, por ende, su calidad de vida. Ideas, ideas y más ideas. Quitemos, pongamos… esto parece que funciona… Estábamos convencidos de que necesitábamos diseñar un servicio, la salud va más allá de productos concretos y las necesidades que encontramos así lo reflejaban.

Nuestra solución: Bienestar Familia, que luego se transformó en BIVE con Bienestar. Un servicio que toma en cuenta a la familia entera y no a sus integrantes como entes separados. Un seguro que le daba la vuelta a ese paseo de la muerte y conectaba al usuario directamente con el médico y que promovía el empleo de mujeres de la comunidad como las promotoras de salud (y vendedoras del servicio). Un servicio que daba una puerta de acceso al empleo a los doctores jóvenes y a clínicas que estaban a punto de quedar fuera del mercado.

La clave: el pensamiento divergente, la colaboración, la empatía y el proceso. Abrazar la experiencia dentro del contexto y observar con una mirada sin sesgos, empática; una comprensión en profundidad. La creatividad puesta al servicio del reto para construir a partir de la necesidad y el diseño utilizado como ese proceso de pensamiento que permite encontrar nuevas conexiones y proyectar un futuro posible. El Design Thinking como metodología.

Hoy en día el servicio cuenta con más de 19.000 afiliados y, para nuestra alegría, presentamos el proyecto en la Bienal Iberoamericana de Diseño (BID) 2016 y ha sido la constatación de que proyectar el futuro es posible y el diseño (y por ende los diseñadores) tenemos la capacidad de transformar nuestra realidad si utilizamos el diseño como proceso de pensamiento. Durante la BID recibimos los premios de Mejor diseño para el desarrollo por parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el premio a Mejor proyecto de diseño de servicios por parte de Telefónica I+D. Gracias al IED por dejarnos formar parte de esta experiencia. Y cierro diciendo: diseñadores y creativos… ¡a por todas! El futuro es posible.  

 

 

Autor: Óscar Pozuelos

Fotos: Chiara Esposito, D4SB Master Program 

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