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Xavier Obach: “Hay algo en la expresión artística capaz de transformar y hacernos mejores personas a todos”

Sin olvidar su esencia creativa y conceptual, la versión más pragmática y terrenal de la cultura se deja ver los días 26 y 27 de enero en PÚBLICA 17, las jornadas sobre gestión cultural que organiza Fundación Contemporánea desde hace siete años. La obra se sitúa en el centro de todo pero el creador permanece en la sombra, sin perderla de vista porque su gestión va más allá de ediciones, comisariados y estrenos. Llega el momento de su comunicación y el autor puede apretar los dientes… o no. En Abre el Ojo nos preguntamos por la relación de los medios de comunicación y los creadores, y buscando respuestas entrevistamos a Xavier Obach, periodista y director del programa ¡Atención obras! de RTVE.

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AEO: Participas en PÚBLICA 17 con una conferencia sobre la difusión de las propuestas artísticas en los medios de comunicación, LOS CREADORES SON DE MARTE Y LOS MEDIOS DE VENUS. ¿Es tan complicada la comunicación entre ambos?

X.O: Los medios de comunicación tenemos un problema “de comunicación” (parece un chiste) con la inmensa mayoría de los colectivos profesionales de la sociedad y, efectivamente, también con el mundo de la cultura. El origen del malentendido tiene que ver con las reglas del juego. Ciertamente los medios jugamos un papel determinante en el conocimiento público de los acontecimientos, las ideas, los incidentes, los logros… El hecho de que este factor de conocimiento público tenga después una repercusión, una respuesta social, hace que a menudo se confunda nuestra “naturaleza” con la de alguien que pretende influir, provocar cambios o incluso educar a la población.

La realidad es otra. Los medios son ante todo empresas que buscan subsistir y crecer. Para conseguir su objetivo los medios trabajan con una materia prima, la realidad. Esa realidad es seleccionada, resumida y reconstruida en forma de relato para que se ajuste a los límites expresivos de cada medio y formato. Esto significa que el “valor” de la obra artística es, efectivamente un elemento a tener en cuenta a la hora de seleccionar qué contenidos ofrece un medio… pero es solo uno de los elementos, hay otros como la notoriedad del artista, su espectacularidad visual, el hecho de que todo el mundo hable de ello, la capacidad de atraer público o la potencia de su relato humano, que suman o restan interés a cada acontecimiento.

De esta compleja ecuación nace una respuesta a la pregunta clave ¿Lo damos o no lo damos? Y la inmensa mayoría de las cosas no se dan, pues la capacidad de los medios de reflejar la realidad es minúscula en relación con la realidad misma. Hablo de dos idiomas en la medida en que creo que esta ecuación de la que emana en criterio de los medios, si bien no es ningún secreto, no es tampoco de dominio público. ¿Mejorarían las cosas si ambos mundos manejamos mejor el idioma del otro? Creo que sí.

AEO: ¿Por qué algunas caras conocidas del mundo del cine, la música, el teatro o la pintura tienen cierta animadversión a los medios de comunicación?

X.O: Me parece una respuesta lógica pero desconectada del mundo en que vivimos. Un creador tiene todo el derecho del mundo a considerar que su obra está “terminada” en el momento en que la cuelga en una pared. Explicarse, relacionarse con la sociedad es “otro trabajo” que obliga a un grado de exposición pública en el que mucha gente no se encuentra cómoda y, personalmente, lo entiendo perfectamente.

Otra cosa es cuando entendemos la obra creativa como un acto que no tiene sentido hasta que provoca “algo” en la persona que tiene enfrente… ¿y si el arte no existiera como tal hasta que despierta un chispazo, un dolor, una reflexión, una risa, una lágrima, en la mente del espectador? Yo simpatizo con las personas que disfrutan creciendo, haciéndose preguntas que no saben responder y una obra de teatro, una sinfonía, nos llevan a un territorio lleno de preguntas que nos hacen crecer. ¿Vale la pena difundir que eso existe? Por supuesto que sí… ¿Puede haber difusión sin exposición pública del artista? Pues puede que también exista, pero, al hacerlo, le estamos restando muchísimos decibelios a la capacidad de penetrar en la sociedad.

Soy contrario a la idea elitista del arte. No coincido con los que explotan otro territorio añadido a los muchos que ya hay para distinguir entre “ellos y nosotros”, los que entienden y “los demás”. Mi labor como responsable de una agenda cultural en una televisión pública es jugar a la contra de esta concepción excluyente del arte.

Hay algo en la expresión artística capaz de transformar y hacernos mejores personas a todos y todo lo que podamos hacer para divulgar, reformular, traducir al lenguaje de las mayorías, acompañar de una imagen y un sonido excelente o construir una historia vibrante tendrá como resultado una sociedad más adulta y mejor. Afortunadamente cada vez hay más gente que simpatiza con esta corriente de opinión y cada vez es más fácil encontrar a artistas que entienden que ese “otro trabajo” de la divulgación también les compete. Mi percepción es que avanzamos en esa dirección.

AEO: ¿Hay alguna disciplina artística que sea más complicada a la hora de abordar en los medios de comunicación?

X.O: Cada disciplina tiene un medio más afín que otro para poder difundirse. Lógicamente la televisión se siente más cómoda cuando tiene enfrente una ópera espectacular que ante un lied de Schubert y un suplemento cultural de un periódico tendrá que esforzarse menos en hablar de un literato que de un grupo pop. El medio, también aquí, condiciona el mensaje. En cualquier caso sí hay un elemento que sobrevuela cualquier soporte: La historia humana. Todos los medios por igual consiguen revalorizar cualquier historia en el momento en que el artista consigue transmitir que aquello de lo que estás hablando es una obra en la que ha dejado toda su alma.

AEO: Diriges el programa cultural ¡Atención obras! de La 2. ¿A qué dificultades se enfrenta un programa de televisión a la hora de difundir contenidos culturales que trascienden el mainstream?

X.O: La principal dificultad es la “trasmutación” del código (a veces la palabra “traducción” se queda corta). Intentaré explicarme. Podría dar la impresión de que un programa de televisión llega a un lugar en el que pasa algo y se limita a contar lo que ve pero eso es absolutamente irreal. Un programa de televisión (o un artículo de prensa) es una obra creativa en sí misma. La primera pregunta que cualquier periodista se hace ante cada asignación es ¿Qué he entendido respecto a lo que pasa? y la segunda es ¿Ahora cómo lo cuento para que los demás también lo entiendan? Encontrar un relato de la realidad, en este caso de la realidad artística, que haga posible que en el miserable tiempo de tres minutos de reportaje un espectador llegue a captar la parte central del mensaje de un artista es algo que ni se improvisa ni está al alcance de cualquiera. TVE tiene una larguísima tradición en la elaboración de contenidos culturales y en Atención Obras contamos con un equipo extraordinario de personas con mucha experiencia a la hora de resolver este tipo de retos.

AEO: En sus casi 4 años de vida muchos creadores han pasado por vuestro programa. Si tuvieras que destacar 3 entrevistas, ¿cuáles serían?

X.O: En 4 años han pasado por el plató del programa casi 170 invitados… No puedo elegir a tres sobre el resto pero sí puedo elegir un momento muy especial y me atrevo a hacerlo porque no creo que haya nadie en el mundo de la cultura capaz de negarle el derecho ni al personaje ni a la frase que soltó. Fue el día que entrevistamos a Héctor Alterio con motivo de su obra “El padre”, un texto absolutamente sobrecogedor sobre un anciano que se enfrenta al desmontaje de su personalidad debido a su propia vejez. Pocas veces en mi vida he salido tan conmovido de un patio de butacas. Héctor, un hombre cuya biografía es en sí misma un relato heroico, nos contaba lo que sucedía cada noche cuando percibía el silencio aterrador en el patio de butacas que acompañaba la hecatombe de su personaje.

“Estoy aprendiendo a desentrañar ese silencio, decía Héctor Alterio. Siento esas personas que miran y cada uno tiene una cosa en la cabeza, pero en conjunto viene a mí y no oigo ni una mosca, nada… Entonces sé que tengo un poder. Un poder que no lo tiene cualquiera en ese momento. Estoy conduciendo ese silencio. Esa es la utilidad del arte.”

Y ese fue el momento en que un artista fue capaz de encontrar las palabras justas para desarmar la combinación de la caja fuerte y todo el enigma fue visible para la humanidad… Ese momento vale todo.

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