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Clásicos coleccionables: Cristophe Decarnin

El vestido vintage de Pierre Balmain que llevó Penélope Cruz el día que ganó el Oscar quedará siempre grabado en nuestras retinas; un traje de princesa sumisa, muy alejado de la imagen actual con la que la casa francesa ha resurgido: la de la mujer rockera e independiente creada por un genio llamado Christophe Decarnin.

Todas las fashionistas alrededor del mundo coinciden en que “se debe” llevar Balmain. Su silueta ultra skinny, sus minivestidos sexy, las chaquetas de motorista con exageradas hombreras y el exceso de brillos son las señas de identidad del diseñador francés.

Algo grande está pasando cuando siete revistas presentan en sus portadas, casi simultáneamente, el mismo vestido de Balmain (uno mini, dorado, de manga larga con “escote dramático” en V y hombreras de la colección actual) que hace furor.

La pregunta es ¿cuándo comenzó la “Balmanía”? En el momento en el que la Balenciaga de Ghesquière era la firma de las visionarias (con Charlotte Gainsbourg y Jennifer Connelly a la cabeza), Christophe Decarnin diseñó para el otoño/invierno de 2008 la colección que le catapultó a la cumbre y con la que evidenció su sello de identidad.

Temporadas después continúa repitiendo la fórmula dando pasos firmes y siendo imitada por doquier, incluso por lujosísimas firmas. En 2008 se desató una fiebre que va in crescendo a medida que muchas celebrities lucen cada vez más sus diseños.

Cristophe Decarnin

Los expertos han decidido que el triunfo de Decarnin reside en algo que hasta hoy faltaba en el mundo de la moda: romper la tradición dando glamour a lo trash. Ahora lo ultracool es lucir prendas de Balmain. Kate Moss, Anne Hathaway o Blake Lively (y el resto de jóvenes amantes de la marca) no quieren ser las princesas Balmain procesadas antaño por la marca francesa (véase el New Look de Dior); ellas desean la libertad, personalidad, fuerza e independencia que les otorga el actual diseñador gracias a ese halo rock ‘n’ roll serio y contundente.

Cristophe Decarnin

Detrás de Balmain se esconde un artista de 45 años nada ostentoso. Christophe Decarnin no va a clubs, no diseña camisetas con su cara (como sí acostumbra Karl Lagerferld), ni viste ropas llamativas. El creador, que habitualmente viste de negro y vaqueros, muestra su verdadera personalidad en cada colección. No le hace falta nada más. Aunque Decarnin sea fiel al lema: “El diseño de la moda es la arquitectura del movimiento” y, tras las bases de su predecesor, ha tenido que reinventar y resurgir la elegancia retro partiendo de una estética de calle. La clave del éxito está en que la ropa de Balmain, al contrario que otras, sí es “ponible”: miles de chicas morirían por llevar todas y cada una de las piezas que pasan por las manos del creador. ¿Cómo, si no, se explica que se agoten todas las unidades de unos vaqueros que cuestan más de 1.000 euros? Decarnin asegura que su ropa de noche lleva una elaboración tan rigurosa, estricta y artesanal que su precio lo vale. Si a eso se le añade que la marca fabrica varias tallas que se pueden encontrar en todas sus tiendas alrededor del mundo, eso convierte a la actual Balmain en casi la única marca que ni es Prêt à Porter ni Alta Costura, sino una mezcla de ambas: diseño de ateliers para todos los públicos.

desfile de Cristophe Decarnin

Christophe Decarnin, cuyo currículum conocido comenzó en Paco Rabanne, llegó a Balmain en 2005. A partir de 2006 estuvo muy respaldado por Emmanuelle Alt, directora de moda de Vogue París y devota del artista, quien, a base de imponer Balmain en la revista, consiguió introducir las creaciones de Decarnin en las alfombras rojas más famosas.

Hoy Balmain ha duplicado las ventas de la casa desde que Christophe Decarnin se hizo cargo y cada colección que realiza consigue superar con creces las ventas de la anterior.

Texto: Virginia Vega

Artículo publicado en el Nº 17 de la revista Abre el Ojo.

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