La esencia de Madrid radica en su agitada vida cultural y en las numerosas salas que ofrecen un teatro alternativo, alejadas de los circuitos convencionales. Os damos a conocer una guía de referencia en Lavapiés. Tomad asiento, la función va a comenzar.
Si bajáis en la parada de metro Antón Martín, tomad la calle de enfrente dirección Filmoteca o Cines Doré. Aquí es donde, para mí, reside la magia de Lavapiés. La belleza de este barrio tan castizo se observa en el día a día, en su gente, en el ajetreo de las calles y comercios del barrio, sobre todo en aquellos oficios que perduran en el tiempo y siguen regentados por el dueño de entonces. Los locales que dejaron de serlo, hoy se han convertido en bares y tiendas de diseño, bazares, almacenes y frutos secos, modernas librerías o pequeñas salas de teatro independiente, fuera de los itinerarios escénicos habituales.
Estos espacios, muchos de reciente creación, se proponen como una alternativa donde hay cabida para la imaginación y la improvisación. Alejados del circuito convencional, apuestan por un teatro diferente gracias a nuevas compañías, colectivos emergentes y buenas ideas.
Off Limits es un referente en la gestión de proyectos culturales y de formación, con obras poco conocidas y de bajo presupuesto pero de gran calidad artística. Bajando por la calle Escuadra encontramos la Sala Tis (Teatro Independiente Sur), que en una coqueta sala de espera nos presenta la gran oferta en cursos y talleres. Se definen así: “Nacimos como nacen todos, por casualidad. En nosotros se conjugaron la palabra, la fantasía, el amor a la cultura y al espectáculo”. Todo un florecer de imaginación y naturalidad, tal como sus personajes, en la calle Primavera 11.
Siguiendo la ruta, hay una sala en la capital dirigida por la reconocida Cristina Rota, también artífice de la Escuela de Interpretación, donde todo se convierte en territorio de los actores y el público evalúa la función tirando tomates. La llamada Katarsis del Tomatazo no necesita mucha explicación: permitidos sí y solo si la obra en cuestión no te agrada lo suficiente. ¿Aplauso o tomatazo? Un aviso previo para los actores que la próxima vez en escena darán lo mejor de ellos mismos. Sala Mirador, sito en Dr. Fourquet 31.
Llegados a la Sala Triángulo (calle De Zurita 20), este espacio de danza y teatro alternativo es otro referente nacional y se ubica entre las calles Santa Isabel y Argumosa. Sin alejarse de la zona, en el número 94 de la calle Del Amparo está La Puerta Estrecha, actual sede de la compañía Pajarita de papel, cuya filosofía es “entender el teatro como un arte total en el que todas las disciplinas necesarias para la puesta en escena se unen en un todo indivisible”.
Pero hay más: La Escalera de Jacob no es un rincón cualquiera. Vigilando la parte alta del barrio, cuenta con un espacio escénico pequeño pero con mucho encanto. Otro ejemplo: Teatro Chejov en San Cosme y San Damián 3, “una experiencia única que posibilita ver grandísimo teatro con pequeñísimos medios”.
Para hacer un alto en el camino, conviene alternar en alguno de los bares colindantes. Y es que todo teatro tiene un bar asociado, que le otorga identidad y un toque más social y cultural, allí donde la emoción del previo a la función –nervios y alboroto– y la algarabía del final –alivio y suspiros– encuentran su lugar.
Próximamente habrá una segunda entrega en otro barrio de la capital, a la búsqueda de salas vírgenes listas para dar comienzo a una nueva función.
Texto: Elena Velasco

















