En el aire se nota, la primavera ya se huele y el calor ha comenzado a llegar…. Y ¡zap!, sin darnos cuenta ya estamos en pleno verano.
Todos nos preguntamos ¿qué será de la vida del diseñador en estos duros momentos?
Muy sencillo, se convierte en un alma penitente, desea salir a la calle, respirar aire fresco y por supuesto tomarse una cervecita con los amigos. Pero la realidad es otra: en vez de eso, se achicharra delante del ordenador y se tuesta con sus radiaciones. Además de los 40º a los que está la habitación, para colmo, tiene un cliente machacón que todavía cree en la esclavitud y no se ha enterado que ésta se abolió hace ya mucho.
¡Ah! Pero hasta ese tipo de clientes se toma un descansito en verano, e incluso nosotros, los diseñadores, esos grandes incomprendidos, también nos tomamos unas vacaciones. ¿Qué hacer ahora con todas esas horas que tiene el día y que en el resto de meses los invertimos en nuestro trabajo?
Yo, divina de la muerte, opto en verano, a ser posible, por dejar el ordenador apartado un mes de mi vida. Bueno, vale, siendo sincera, creo que sería lo deseable, porque la realidad es otra. Vamos a ver… seamos honestos… ¡un mes sin ver los mails! ¡Ja, ¡no lo cumplo ni de coña! Eso sí, me prometo a mi misma que no lo chequearé tres veces al día.
Y vale, aunque los primeros días nos lo pasamos tirados en la playita, durmiendo, tomando sol, tostándonos como pobres cangrejos y pensando: esto si que es vida. Al cabo de una semanita ya estamos un poco aburridos y también podemos aprovechar el tiempo en hacer cosas en aras de nuestro futuro. ¡Toma ya, conciencia!
Para la playa, el monte o la ciudad recomiendo lectura de la buena, y que mejor que de la mano de Haruki Murakami: 1Q84, un libro sencillamente extraordinario.
Si lo tuyo no es la novela, quizás te interese el último de la Editorial Gestalten The modernist , un libro único para tomar nuevas referencias, ideas e inspiración y conocer a nuevos diseñadores.
Si el lado creativo lo tienes medio p´ allá, después de un duro año de crisis, nervios y tensión, recomiendo encarecidamente el Nuevo aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro, de Betty Edwards, un libro para todo aquel que siempre quiso dibujar pero que se sintió medio nulo al hacerlo, si te interesa, puedes encontrarlo en la Biblioteca del IED Madrid. Se parte de la idea de que cualquiera puede aprender a dibujar si utiliza bien el lado izquierdo del cerebro, y, además te ayuda a ver las cosas desde una nueva perspectiva.

¿Que necesitas? ¿inspiración? Pues aquí te dejo el nombre de dos ilustradores: Conrado Roset, al que admiro por su manera tan personal de ilustrar, el uso de los colores y la manera de crear a sus “chicas” y Violeta Hernández, cuyos trabajos conocí hace poco y me tiene anonadada (su serie “Neo – Romantic” me maravilla).
Si buscas nuevas áreas para demostrar tus destrezas, recomiendo la cocina. ¿Qué mejor que demostrar tu creatividad con ricos platos? Yo estoy enamorada con el blog de Pan y Peter, que ilustran todas sus recetas y les dan ese toque tan personal.
¿Que tu área va más por la imagen? Hace ya unas semanas conocí los trabajos de la fotógrafa Lissy Elle. Su estética, visión y forma de captar las cosas me ha chiflado. Pásate por su web e inspírate.
Y hablando de estética surreal, recomiendo una peli para esos días en el que el calor chungo es abrasador. Vete al cine a ver la última de Jean Pierre Jeunet Micmacs, un film bellísimo, delicioso y cuidadísimo de principio a fin. No cuento nada, que sé que no hay nada más fastidioso que te hagan un resumen de algo que claramente tienes que ver.
Y ya, para terminar, ¿qué decir? Pues que a disfrutar, a vitaminizarse, salir al mundo, ver exposiciones, soñar y cargar las pilas para seguir sintiéndonos orgullosos de nuestra profesión, claramente la más bonita del mundo (nada tiene que ver con que yo sea diseñadora)
¡Ah! Si te quedas “currando” que también puede suceder, tómatelo con calma y animate un poco el día descubriendo el blog de la Señorita Link.
Por Beatriz Vega

















