“No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos. No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones… Somos la mierda cantante y danzante del mundo”
(Tyler Durden en ‘El club de la lucha’)
Hace unos años, aún no cumplidos los 20, se me abrían los ojos ante la imagen de toda una manzana de rascacielos derrumbándose al ritmo de Where is my mind de los Pixies. Imponente la última escena de El club de la lucha. Eran tiempos del mIRC, messenger y fotolog. Éramos jóvenes en su máxima expresión. Buscábamos en un google primitivo textos de Hakim Bey, guerras de almohadas en Sol, abrazos gratis en el retiro, intervenciones en las estaciones del metro. Fantaseábamos con despertar a la gente de sus rutinas a través de la espontaneidad.
Fue por entonces, o quizá un poco después, cuando comienza a gestarse 4chan un imgboard que consistía básicamente en un conglomerado de foros de variada temática en los que postear con total libertad cualquier tipo de imagen.
Poco después, somethingawful.com, una web irreverente que actuaba como contenedor de todas las animaladas, y que ya gozaba de cierta popularidad entre adolescentes, tras ciertos problemas legales, tuvo que hacerse de pago. Esto provocó una migración masiva a 4chan, su hermano pequeño, más concretamente a uno de sus subforos, llamado “/b/” (random). Allí dentro, todo tiene cabida, su única norma es que no hay normas; en un rápido paseo pueden verse desde fotos de gatitos en posiciones cómicas hasta la pornografía más agresiva.
El foro /b/ se ha convertido en uno de los mayores submundos de la red, evolucionando bajo su propia anarquía, creando su propio lenguaje, sentido del humor y cultura. Incluso sus propias mascotas, como Pedobear, un simpático osito pedófilo que es utilizado en multitud de chistes gráficos de considerable mal gusto.
Este fenómeno no pasaría de lo anecdótico de no ser 4chan el segundo foro con más movimiento del planeta, con 6 millones de usuarios únicos, la mayoría perfectamente integrados en la subcultura de foro /b/. Esta enorme masa no tardó en darse cuenta de su capacidad y poder, al principio en forma de pequeñas bromas bien coordinadas: gritar megáfono en mano el final de Harry Potter frente a las colas de fans esperando comprar su nuevo libro o alterar la votación del personaje más influyente del año de la revista TIME para que el fundador de 4chan, un tal “moot” apareciera en cabeza y para conseguir que, tras la votación final, las iniciales de los siguientes 21 candidatos formasen la frase “Marble cake also the game” (expresión utilizada en el foro de alto contenido escatológico).
La masa adolescente ha ido creciendo madurando inquietudes y potencial, afinando la dirección de sus acciones, sintiéndose atraídos por la capacidad individual de alterar la rutina de lo establecido, de sentirse fuertes tras el anonimato, de ser hormiguita en un gran proyecto.
Todo ello tiene una motivación entre épica y justiciera, de ahí que una de sus imágenes bandera sea la careta de V de Vendetta, el famoso cómic de Alan Moore. Anonymous, que se reconocen a sí mismos como justicieros, desde la aparición de las filtraciones de información clasificada en la red, parecen haber encontrado una causa común a favor de Julian Assange, ser los enemigos de los enemigos de wikileaks.
Nosotros nos quedamos con el interesante discurso que los define: somos anónimos, somos legión, no tenemos respeto por absolutamente nada y nos gusta el caos.
Julius Mongui Peneke
Artículo publicado en el Nº 17 de la revista Abre el ojo.
















