Conviene pensar cuál es la definición de diseño que tenemos cada uno de nosotros y la posición que desempeñan los diseñadores, individualmente y como colectivo, ante la sociedad y como agentes creadores de la imagen actual del diseño. He aquí algunas reflexiones al respecto.
En este sector en el que nos movemos son frecuentes comentarios como: “En España no hay cultura del diseño”, “Los españoles no valoran los buenos diseños”, creencias que refuerzan el sentimiento de algunos diseñadores de pertenencia a un colectivo selecto, minoritario e incomprendido por el resto de las personas.
Si bien es cierto que no podemos comparar la actitud de los españoles hacia el diseño frente a la de la población de países como Suecia, Holanda, Italia o nuestra vecina Portugal, nosotros, como profesionales o implicados en el sector, sí deberíamos parar y hacernos una pregunta: ¿cómo estoy contribuyendo yo a esto?
El diseño es comunicado y vendido en nuestro país como algo puramente formal, estético, inútil. Algo entre el arte y la pasarela de moda, algo absolutamente banal y vacío, sin una repercusión más allá del formalismo y la estética. Lo realmente preocupante no es esto, es la actitud pasiva y la aprobación que tiene todo el colectivo profesional frente a ello, el aplauso y la ovación de numerosos profesionales que, aun deseándolo, no pueden mantener una actitud firme y responsable hacia aquello que empaña y ensucia la imagen tan dañada del sector y la profesión.
Yo creo en un diseño que vaya más allá. Creo en un diseño que influya en la vida de las personas, un diseño que proyecte procesos complejos que determinan facetas importantes de las personas, en el diseño de objetos como puntos de unión y contacto entre el usuario y su contexto. En este sentido, pude conocer hace poco el proyecto que está desarrollando el estudio Ecosistema Urbano, What if Cities? en la ciudad de Alicante, una plataforma que permite la comunicación entre los ciudadanos y el gobierno de la ciudad a través de una red social sencilla y usable. Iniciativas como esta me recuerdan a proyectos tan ilusionantes como DIY City o Give a Minute, activados en las ciudades de Chicago, Memphis, Nueva York y San José. Todas estas redes utilizan el diseño como medio para mejorar una problemática existente, la comunicación unidireccional en la ciudad entre el gobierno y los ciudadanos.
Creo de verdad en un diseño que puede y debe provocar reflexiones, actitudes y acciones. Un paso hacia delante en el que se democraticen los sistemas y los conocimientos, se canalice la acción social y se provoque un cambio. No hace falta tener objetivos tan ambiciosos para poder ejercer la profesión de una forma responsable y respetuosa con el entorno, los propios ciudadanos están desarrollando de una forma espontánea e informal iniciativas que les ayudan a mejorar sus formas de vida y la gestión de los recursos más inmediatos. Ejemplos como los que podemos ver en el proyecto Edible City están proliferando por todo el globo como forma de reivindicación y protesta de las personas que desean una calidad de vida mejor y una actitud más comprometida con su mundo. Este tipo de proyectos comienzan a contar con el apoyo económico e institucional de empresas y gobiernos.
Imaginemos por un momento qué podrían llegar a ser todas estas iniciativas con la ayuda de diseñadores responsables y comprometidos que colaborasen para dar forma a las ideas, a llevarlas más allá. Diseñadores que piensen en el diseño de un proceso, un sistema completo que tenga en cuenta las posibles necesidades, que sea permeable a los avances tecnológicos y requerimientos de la población futura. Imaginemos por un momento que todos los diseñadores de España se escapan de galerías y museos, se lanzan a la calle a escuchar a la gente, aportan toda su creatividad y conocimiento a mejorar su vida, su relación con los demás y el entorno. Imaginemos, sigamos imaginando, reivindicando y actuando en aras de un diseño más responsable y ético, ayudando a las personas a mejorar su día a día hasta el momento en el que el diseño deje de ser lo que es hoy.
Texto: Maiko Arrieta
Artículo publicado en el Nº 18 de la revista Abre el Ojo.

















